El muerto al hoyo
01/10/2010 - 09:45
Rafael Torres
En el Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo se velaba el cadáver de Leopoldo Calvo Sotelo, el primer presidente de la actual restauración democrática que fallece, y a escasos cien metros de allí, en la plaza de La Cibeles, todo era júbilo, estrépito y follón por la conquista del título de Liga por parte del Real Madrid.
El adagio que nos recuerda que "el muerto al hoyo, y el vivo al bollo".
No se trataba, lo de Cibeles, de una manifestación espontánea del pueblo futbolero, sino que desde hacía semanas el Ayuntamiento y el Gobierno tenían listo el dispositivo para su celebración, de modo que el mantenimiento de la convocatoria para el aquelarre en el que la diosa de Madrid suele perder un brazo o la llave, y los leones de su carro el rabo, fue responsabilidad de las instituciones, de las mismas que, por lo visto, se han compungido tanto con el deceso del culto político de Ribadeo. También es verdad, temían que la desconvocatoria y el aplazamiento del jolgorio en señal de respeto al presidente muerto generara demasías y tumultos aún más horrísonos y peores que los de la celebración propiamente dicha.
No se trataba, lo de Cibeles, de una manifestación espontánea del pueblo futbolero, sino que desde hacía semanas el Ayuntamiento y el Gobierno tenían listo el dispositivo para su celebración, de modo que el mantenimiento de la convocatoria para el aquelarre en el que la diosa de Madrid suele perder un brazo o la llave, y los leones de su carro el rabo, fue responsabilidad de las instituciones, de las mismas que, por lo visto, se han compungido tanto con el deceso del culto político de Ribadeo. También es verdad, temían que la desconvocatoria y el aplazamiento del jolgorio en señal de respeto al presidente muerto generara demasías y tumultos aún más horrísonos y peores que los de la celebración propiamente dicha.