El problema de la vivienda
Es evidente que hay un problema, grande, terrible, con la vivienda. Tan importante es la cuestión que hasta tenemos una ministra de Vivienda y Agenda Urbana.
Su ministerio, creado en 2023, ha sido tan crucial que el principal problema de los españoles ha pasado de ser entonces la inflación a ser hoy la vivienda. Un éxito innegable: en apenas tres años su ministerio se ha convertido en el gran protagonista del debate político. Escucha uno las declaraciones de la ministra y pareciera que el mundo conspirara en su contra: todos hacen cosas para obstaculizar su trabajo y ella no hace nada, qué más quisiera, porque no le queda tiempo para otra cosa que no sea criticar a quienes la critican. Hay que joderse, con perdón.
Señora ministra, el problema de la vivienda no son los precios de los alquileres, el problema de la vivienda no son los fondos buitres, el problema de la vivienda no es culpa de los “okupas”, tampoco de los inmigrantes, el problema de la vivienda no es culpa de los propietarios de pisos, ni de los grandes tenedores que, como usted, acumulan propiedades. No. El problema de la vivienda, como casi todos los problemas que afectan al mercado, tiene que ver con la oferta y la demanda. Con la falta de pisos. Con la escasa construcción. Es una ley básica, universal, que no responde a patrones ideológicos, como no lo hacen la ley de la gravedad, el teorema de Pitágoras o la selección natural. Es un problema de oferta. Y mientras no se comprenda esto, o no se quiera comprender, no se solucionará. Al contrario, se buscarán chivos expiatorios que arderán en la hoguera pública, pero seguirá sin arreglarse.
El problema de la vivienda deriva del hecho de que al haber poca oferta y mucha demanda, suben los precios, lo cual tiene como consecuencia que la vivienda es una inversión rentable. De ahí que haya multipropietarios. Nadie piensa en términos sociales, de acuerdo, sino en términos de mercado. Usted lo sabe. El problema del alquiler es de otro tipo, más complejo, porque a la falta de oferta se le suma la inseguridad jurídica. De ahí, que algunos prefieran no alquilar a tener problemas. Si nos empeñamos en no favorecer la oferta y en no resolver esa inseguridad, en culpabilizar a los propietarios, la tormenta es perfecta. Si no hay viviendas de protección oficial ni se atiende a la demanda, desaparecen las oportunidades, sobre todo de los jóvenes. Y si alguien tiene un piso y una casa en el pueblo no tensiona los precios. Sólo faltaba.