El rey compra tiempo

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Enrique Vázquez - Periodista
Juiciosamente, el rey Alberto de Bélgica, rehusó aceptar la dimisión del primer ministro Yves Meterme en la madrugada del martes y ayer por la mañana sus servicios anunciaron que la fórmula es que el jefe del Estado ‘suspende toda decisión al respecto’.
En la práctica, el rey ha recurrido, como otras veces en el pasado, a una operación clásica en política, la “compra de tiempo”, expresando así, de hecho, una extendida opinión según la cual el bloqueo de las conversaciones multipartidarias sobre la reforma del Estado federal puede ser solventado con más esfuerzo y Leterme, primer ministro de un complicado gobierno de coalición, puede seguir o ser sustituido en esa labor.
El escenario es, en ese sentido, paradójico porque, salvo su propio partido cristiano-demócrata flamenco, todo el mundo está reprochando al primer ministro lo que juzgan una dimisión prematura mientras la mayoría de opiniones creen que la situación, difícil y compleja, había mejorado y los acuerdos ya alcanzados, sobre todo en materia presupuestaria y fiscal, permitían ser relativamente optimistas a medio plazo.
De hecho, y para ir al fondo de la cuestión, no se ha percibido una agravación de la discordia nacional (en el sentido de ‘belga’ o estatal) y solo, como siempre que puede, la ultraderecha populista del Vlaams Belang, se ha apresurado a pedir la secesión de Valonia. Más graves son las críticas emitidas desde los partidos del propio gabinete de concentración.
Así, señalan varios observadores, la disidencia nacional que ya se había expresado en el pasado con tanta o mayor acritud que ahora había podido ser encauzada. De hecho, hablar hoy de una ‘reforma federal’ del Estado es olvidar que Bélgica ya hizo tal reforma en 1993 y la hizo con éxito y adelantándose a ensayos posteriores que tienden, como allí, a dar más y más poderes a regiones y ayuntamientos.
El rey parece todavía considerablemente popular y nadie le responsabiliza de ser causa de la crisis o de su agravación. Alberto cumplió su papel todo el largo año pasado, el del estancamiento político-institucional, con tino y paciencia. Cuando Leterme pudo, por fin, formar su gobierno en marzo pasado y se fijó el calendario para el acuerdo final en el 15 de julio (es decir, ayer) se reconoció al soberano su trabajo paciente y su condición de referencia nacional y arbitral. Y ahora puede ocurrir lo mismo.