El sentido de una flecha


La ciudad de Guadalajara posee escasos reductos de “naturaleza urbana”, el mayor y mejor conservado, sin lugar a dudas, es el tramo de aproximadamente cinco kilómetros de río Henares a su paso por la ciudad.

Hace tiempo en una publicación sobre imágenes antiguas de Guadalajara, me sorprendió una imagen de principios del siglo XX, 1909 creo, en la que se veía al entonces alcalde, Miguel Fluiters, encabezando unos festejos que celebraban la demolición del último arco de la calle mayor, el último de una serie de arcos que comunicaban las viviendas de ambos márgenes de esta calle. Hoy en día valoraríamos unánimemente como inaceptable esta destrucción, y todavía más la celebración del hecho de la destrucción premeditada de un elemento tan singular del patrimonio histórico-artístico de la ciudad.

La ciudad de Guadalajara posee escasos reductos de “naturaleza urbana”, el mayor y mejor conservado, sin lugar a dudas, es el tramo de aproximadamente cinco kilómetros de río Henares a su paso por la ciudad. Este tramo constituye una gran singularidad dentro del patrimonio natural de las capitales españolas ya que presenta un gran estado de conservación a pesar de estar dentro del caso urbano. La semana pasada en uno de mis paseos para observar aves por el soto del río, en el tramo entre ambos puentes me sorprendió el cartel que informaba sobre las obras que están ejecutando entre el río Henares y la “mota” y en las que ya se ha eliminado parte de la cubierta vegetal que forma la orla del bosque de ribera del río. Dicho cartel muestra dos fotografías: la primera muestra el soto del río Henares en su estado hasta hace tres meses: un soto muy bien conservado con un alto nivel de madurez donde habitaban comunidades de aves y plantas que constituyen un valioso y singular patrimonio natural, especialmente singular por estar den dentro de la ciudad. En la segunda imagen aparece un parque, exactamente igual al existente al norte de la mota, a 20 m de distancia donde la naturaleza brilla por su ausencia y donde domina el hormigón y los equipamientos.  Ambas imágenes están relacionadas por una flecha con un sentido de “evolución” de lo salvaje y natural a lo urbanizado y hormigonado. 

En el resto de Europa, en numerosos proyectos la flecha tendría el sentido contrario, es decir se realizan continuamente obras de restauración natural y de recuperación del patrimonio natural, en el sentido contrario a la obra que se está ejecutando y que destina fondos públicos para destruir un patrimonio natural dentro de Guadalajara que deberíamos conocer y proteger; tal vez como nos gustaría haber podido conocer y proteger los arcos de la calle mayor. 

No estaremos retrocediendo un siglo celebrando la destrucción de un patrimonio natural irrepetible dentro de nuestra ciudad? Es el sentido de esa flecha, contrario a la conservación del patrimonio natural para duplicar equipamientos existentes, el que nos indica la dirección equivocada y que generaciones futuras tendrán que revertir?