El talismán será Rajoy
01/10/2010 - 09:45
FEDERICO ABASCAL
El primer duelo televisado entre los segundos espadas del PP y del PSOE ha euforizado a los socialistas, tal vez desmesuradamente. Si el novel Pizarro no salió de su enfrentamiento de anteanoche con Solbes como el talismán que iba llenar ventajosamente el hueco dejado por Rato en el PP, al menos se mostró como un posible ministro voluntarioso y capacitado. Solbes partía con la ventaja de que todos los datos que iba a manejar eran suyos, mientras que gran parte de los esgrimidos por Pizarro le fueron suministrados.
Y si Solbes se mostró profesoral en la forma de desplegar sus argumentos, Pizarro, además de reconocer en ocasiones la autoridad de su oponente en la materia a debate, actuó como si se estuviera examinando de algo, lo que resultaba contradictorio con su actitud de alternativa atacante. En dos ocasiones llegó a recitar latiguillos demagógicos prestados.
A la pregunta de si dos semanas de campaña electoral cambian las opiniones del electorado, esta vez podría responderse que sí, aunque se sienta muy polarizada la sociedad española ante los dos partidos mayoritarios. Arranca el último sprint con dos novedades o ligeras sorpresas: Pizarro no es la carta talismán que Rajoy lanzó a la arena electoral para neutralizar a Solbes y ahondar en los problemas que aquejan actualmente a nuestra economía. Como talismán del PP va a sentirse obligado actuar el propio Rajoy, cuyo partido no se muestra como el que durante la legislatura alarmó con la fragmentación de España, con la quiebra de la familia (concepto tradicional) y, por citar un solo ejemplo de su estrategia de oposición a la política antiterrorista del Gobierno, con la venta de Navarra a ETA.
La imagen de moderación que transmite ahora el PP, convocando a una esperanza colectiva, no la enturbia ni alguna aparición de Zaplana en zonas más bien sombrías de la campaña. Y es fácil que un porcentaje de electores identifique esta nueva imagen popular con la realidad del partido, identificación que se produjo en la legislatura 1996/2000, cuando su insuficiencia de escaños impulsó a Aznar a realizar una política moderada, dialogante y a mantener con los nacionalismos CiU y PNV relaciones estrechas y afectuosas. La segunda legislatura fue otro cantar, por lo que no lo cantaremos.
Del lado del PSOE también hay algo positivo en este inicio del sprint final, y es que Solbes logró anteanoche disipar en parte la incertidumbre que sobre la economía viene reflejando la sociedad española en las encuestas. Su aspecto serio, competente, sincero y bonachón transmite una confianza que amortigua las desconfianzas ambientales o sobrevenidas por la onda expansiva de la hipotecas chatarra en Estados Unidos. Y por el lógico proceso de desaceleración en un ciclo económico que ha prolongado mucho en España la boyantía. Pero el problema socialista es la abstención, y por ello se observa el talante de Zapatero más acelerado, intentando movilizar el escepticismo de los jóvenes que hace cuatro le dieron la victoria en las urnas. Y así llegan las promesas directas al sector, como la de rebajar en lo posible el IVA de los preservativos, o regalarlos en determinados colectivos.
A la pregunta de si dos semanas de campaña electoral cambian las opiniones del electorado, esta vez podría responderse que sí, aunque se sienta muy polarizada la sociedad española ante los dos partidos mayoritarios. Arranca el último sprint con dos novedades o ligeras sorpresas: Pizarro no es la carta talismán que Rajoy lanzó a la arena electoral para neutralizar a Solbes y ahondar en los problemas que aquejan actualmente a nuestra economía. Como talismán del PP va a sentirse obligado actuar el propio Rajoy, cuyo partido no se muestra como el que durante la legislatura alarmó con la fragmentación de España, con la quiebra de la familia (concepto tradicional) y, por citar un solo ejemplo de su estrategia de oposición a la política antiterrorista del Gobierno, con la venta de Navarra a ETA.
La imagen de moderación que transmite ahora el PP, convocando a una esperanza colectiva, no la enturbia ni alguna aparición de Zaplana en zonas más bien sombrías de la campaña. Y es fácil que un porcentaje de electores identifique esta nueva imagen popular con la realidad del partido, identificación que se produjo en la legislatura 1996/2000, cuando su insuficiencia de escaños impulsó a Aznar a realizar una política moderada, dialogante y a mantener con los nacionalismos CiU y PNV relaciones estrechas y afectuosas. La segunda legislatura fue otro cantar, por lo que no lo cantaremos.
Del lado del PSOE también hay algo positivo en este inicio del sprint final, y es que Solbes logró anteanoche disipar en parte la incertidumbre que sobre la economía viene reflejando la sociedad española en las encuestas. Su aspecto serio, competente, sincero y bonachón transmite una confianza que amortigua las desconfianzas ambientales o sobrevenidas por la onda expansiva de la hipotecas chatarra en Estados Unidos. Y por el lógico proceso de desaceleración en un ciclo económico que ha prolongado mucho en España la boyantía. Pero el problema socialista es la abstención, y por ello se observa el talante de Zapatero más acelerado, intentando movilizar el escepticismo de los jóvenes que hace cuatro le dieron la victoria en las urnas. Y así llegan las promesas directas al sector, como la de rebajar en lo posible el IVA de los preservativos, o regalarlos en determinados colectivos.