El Tratado de Lisboa: Un nuevo punto de partida para Europa

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

LUIS DE GRANDES
Bruselas y Estrasburgo están lejos, pero sus decisiones afectan muy de cerca a nuestras vidas. Desde Estrasburgo, y en el día en que el Parlamento Europeo se ha pronunciado de forma favorable sobre el Tratado de Lisboa, inicio mis colaboraciones con Nueva Alcarria. Confío en que mis crónicas desde Bruselas faciliten informaciones objetivas. En cuanto a mi opinión, que no pretendo se comparta siempre, será la mía, la de un Diputado Europeo del Partido Popular, europeísta convencido, pero que siempre antepondrá los intereses de España.
La Unión Europea celebró en 2007 su quincuagésimo aniversario: cincuenta años de paz, prosperidad, estabilidad, desarrollo y entendimiento en nuestro continente, escenario de algunas de las divisiones más grandes la historia. Esta celebración hubiera sido más grandiosa de no cernirse sobre la Unión Europea las consecuencias políticas derivas del rechazo a la Constitución Europea. Los referendos negativos a la Constitución de francesas y holandeses, unido a otras disensiones en el seno de la Unión Europea sobre su futuro institucional, sumieron a Europa en un periodo de reflexión, superado gracias a la firma del Tratado de Lisboa el 13 de diciembre de 2007, fruto de los trabajos realizados por la Conferencia Intergubernamental, en estrecha colaboración con el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.

En la capital portuguesa, los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la UE se pusieron de acuerdo para relanzar el proceso de construcción europea, a través de la adopción de un nuevo Tratado, éste modifica los Tratados existentes, mejorando el funcionamiento institucional de la UE y confiriéndole a ésta mayores capacidades para actuar en un mundo globalizado.

El nuevo Tratado retoma algunos elementos de la Constitución Europea, sin embargo, evita introducir cualquier alusión constitucional en el texto, como el himno o la bandera, a fin de no ofender la sensibilidad de aquellos que defienden una Europa de Estados frente a los defensores de una Europa cuasi federal. Evitando entrar en disquisiciones y divagaciones sobre una Europa federal o una Europa de Estados, me centraré en reseñar aquellos elementos del nuevo Tratado cuyos efectos calarán más hondo en la vida diaria de las Instituciones de la UE y en la de sus ciudadanos; por ejemplo, por primera vez la Carta Europea de los Derechos Fundamentales será parte integrante del Tratado y jurídicamente vinculante, otorgando un mayor grado de protección de los mismos. En cuanto al sistema institucional de la UE, el nuevo Tratado, en el caso de la Comisión Europea, reduce el número de comisarios de los 27 actuales, a 2/3 del número de Estados miembros (14 ó 15 comisarios), a partir de 2014. Para asegurar la representación de todos los Estados miembros, se introduce un sistema de rotación que refleja la diversidad demográfica y geográfica de los Estados, este sistema será definido y aprobado por unanimidad del Consejo Europeo. El Parlamento Europeo verá a su vez reducido el número de escaños pasando de los 785 de la legislatura en curso, a 751 a partir de 2009. Asimismo, el Parlamento Europeo ve aumentados sus poderes como colegislador de la UE, dado que la codecisión se extiende a casi todas las materias y la UE asume nuevas competencias en materia de turismo, deporte, energía y cambio climático, donde el Parlamento legislará en pie de igualdad con el Consejo. Sin embargo, es el Consejo Europeo, la Institución que presentará una figura muy novedosa, el Tratado instituye una Presidencia permanente de la UE, cuyo mandato será de dos años y medio, este Presidente asumirá la representación de la UE en asuntos exteriores, de seguridad y de defensa, sin perjuicio de las atribuciones del Alto Representante para la Política Exterior. Éste estará al frente de la Política Exterior y de Seguridad, así como en la elaboración y en la ejecución de la misma, siendo a su vez Vicepresidente de la Comisión Europea. Una de las grandes preocupaciones de los políticos de la UE es el papel qué debe jugar ésta en el mundo. La UE debe destacar como un actor visible y estas son, a grandes rasgos, algunos de los elementos esenciales del nuevo Tratado de la UE cuyo alcance será muy amplio, y que constituye un pequeño paso más en el proceso de integración europea, confirmado en los últimos cincuenta años y resuelto a proseguir por la senda del entendimiento entre las Naciones europeas y sus pueblos.

Luis de Grandes es diputado al parlamento europeo y miembro del Grupo parlamentario popular