18/05/2019 / 13:50
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Elecciones en el mes de mayo

Y parece casi un sarcasmo que sean políticos, que malean y envilecen muchas veces a separar más que a unir.


Aunque el hombre es un animal político, según nos enseñó Aristóteles,  a los amigos de la Naturaleza nos repele que el mes más florido y hermoso del año sea elegido por los políticos para aclarar sus líos y componendas mediante elecciones; si son varias, peor todavía, porque es precisamente este mes el que la tradición ha impuesto durante siglos para las romerías, que son fiestas religiosas populares; clarinazos primaverales en los que se mezclan, lo mariano y lo campestre, lo religioso y lo deportivo  cuya convocatoria nos devuelve a  la Naturaleza de la que surgieron ermitas o santuarios que ahora son centros o focos de devoción y religiosidad que atraen y concentran la fe de los fieles en torno a alguna figura, con frecuencia histórica, que ha merecido el don de la Santidad. En toda romería late un fondo atávico. Suele haber sabor popular, sana alegría. Y parece casi un sarcasmo que sean los políticos los que intenten a veces protagonismo en las romerías cuando su presencia contribuye  veces  es una afición muy española, quizá porque en el fondo no hemos dejado de ser rurales. Y parece casi un sarcasmo que sean políticos, que malean y envilecen muchas veces a separar más que a unir. Yo creo que muchas veces  los políticos, aún los que tienen en sus filas mayor número de católicos, se sienten algo así como avergonzados ante la fe limpia y honesta de los fieles que se reúnen en muchedumbres que ellos con sus mítines y concentraciones no pueden conseguir quizá porque, al decir de Bonald, en las crisis políticas, lo más difícil para un hombre honrado, no es cumplir con su deber, sino conocer cuál es éste. Porque los partidos no tanto discuten para convencerse como para decirse mutuamente  cosas desagradables que ellos, en su obcecación, consideran rasgos de ingenio cuando sus votantes las escuchan con conmiseración. A eso quizá se refirió Castelar en su “Discurso sobre la libertad religiosa” cuando dijo que “los hombres luchan y se afanan por la religión, discuten por ella, combaten por ella, mueren por ella… todo lo hacen… menos vivir ajustándose a ella”. Por su parte, Balmes, el filósofo católico catalán escribió en “Cartas a un escéptico” que la religión católica nos impone una ley suave, justa, benéfica; nos consuela en nuestros infortunios, y cierra nuestros ojos en paz. Cumpliéndola, nos asemejamos a los ángeles.


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