03/05/2019 / 18:05
Marta Velasco


Imagenes

Elegir

No es el resultado que yo quería, pero me hice demócrata antiguamente y no voy a cambiar ahora, así que acato la decisión mayoritaria del pueblo español y felicito a Pedro Sánchez. 


Escribo al borde del abismo, en jornada de reflexión, han pasado ya los días de debate y aguacero y el Universo sigue girando hacia su final envuelto en algodonosas nubes contaminadas. Ha ocurrido un terrible atentado terrorista en Sri Lanka. En Tenerife, un hombre ha asesinado a su mujer y a su hijo de 10 años, mientras el más pequeño corría aterrado por un bosque desconocido para salvarse de la ira de su padre ¡Qué tristeza!  Este mundo maravilloso que tenemos sin merecerlo está cansado de los humanos y los presagios son malos de verdad. En tiempos de cólera no se debería tener que elegir.

Se presentaron en televisión cuatro candidatos y los dubitativos de uno y otro signo analizamos su aspecto, que era lo más evidente. Que el poder envejece es un hecho.  Sánchez, el Guapo, mostró la cara acartonada, la mirada vacía, no parecía él, ni en modo candidato ni en modo presidente. Pablo Casado estaba jovial, un poco entre boy scout y tuno mayor, no es fácil llevar alegremente la pandereta en ciertos momentos. Tampoco Albert Rivera mostraba el antiguo esplendor. Claro que yo lo conocí en un cartel en el que posaba desnudo y ante ese cartel le juré fidelidad. 

A Iglesias no lo reconocí hasta mitad del debate, creí que era el capellán del Palacio de la Moncloa, sin alzacuellos, pero con su misal y su sermón. Luego dijo “unidas… empoderadas” e incluso pidió subvenciones para compresas y caí ¡Caramba, si es el pajarito de la mansión de Galapagar! Ofreció de todo y se ofreció para todo, es fácil regalar lo que no es de uno. Estuvo conciliador, como cuando hablaba con Maduro, pero lo descarté rápidamente, porque no me gusta el modelo que propone, ni el tipo Rasputín que representa con Sánchez, ni esa subsistencia venezolana tan sacrificada, sin papel higiénico ni cacho de pan ni alegría. No es la que deseo para España. 

No observé mucho interés para pactos en el bloque de derechas y en los anteriores socios de Sánchez no quise ni pensar. Los españoles estamos en un callejón sin salida, hay mucha ambición de poder y muchos desencuentros.  Y, ya que me pongo, lo diré: mucho sinvergüenza. Ya ven que los debates me han dejado profunda huella. Si yo fuera francesa estaría, de verdad, très desolé… pero, como soy de Sigüenza, me sobrepongo y tiro p’alante. 

Ahora ya he votado y he sufrido con los vaivenes del escrutinio.  No es el resultado que yo quería, pero me hice demócrata antiguamente y no voy a cambiar ahora, así que acato la decisión mayoritaria del pueblo español y felicito a Pedro Sánchez por su éxito, aunque le advierto que le estaré vigilando. Le ruego por mi patria, que es también la suya, que no nos engañe y que no pacte con separatistas ni terroristas, tendrá mayoría con las chicas de Unidas Podemos para gobernar y seguro que Ciudadanos también le apoyará para hacer bien las cosas.  

 Haga usted que pase.  


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