En defensa de nuestra agua
El agua no puede convertirse en la moneda con la que Guadalajara pague el desarrollo de otros territorios. El debate sobre el Sorbe exige algo más que declaraciones cruzadas: exige unidad.
El agua no puede convertirse en la moneda con la que Guadalajara pague el desarrollo de otros territorios. El debate sobre el Sorbe exige algo más que declaraciones cruzadas: exige unidad. Unidad política, institucional y social para defender que el agua que nace, discurre y sostiene esta provincia debe servir, en primer lugar, para garantizar su futuro.
La petición del Canal de Isabel II, de hasta 50 hectómetros cúbicos anuales, todavía no ha sido resuelta. Pero sería un error minimizarla. Un incremento del potencial trasvasístico del Pozo de los Ramos reduciría aún más el agua que avanza por el Sorbe hacia Beleña, ya que no hay que olvidar que en la actualidad desde esta infraestructura, propiedad del Canal, se detrae de forma regular y regulada agua rumbo al embalse de el Vado y desde ahí a Madrid. Pero Beleña es una pieza esencial del abastecimiento de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe y de la actividad económica del Corredor del Henares.
No hay que confundir solidaridad con resignación. Guadalajara conoce bien esa diferencia. El trasvase Tajo-Segura ha demostrado durante décadas cómo el agua de una provincia puede acabar sosteniendo el desarrollo agrícola de otros territorios. Ahora la demanda de Madrid tiene otra finalidad declarada: abastecimiento. Pero el agua para beber también sostiene el crecimiento. La cuestión es la misma: si la concesión compromete las posibilidades de desarrollo de quien entrega el recurso.
Las Cortes de Castilla-La Mancha han dado una respuesta que marca el camino a seguir. La resolución impulsada por el PSOE salió adelante con 17 votos a favor y 15 en contra y reclama la unidad de todas las fuerzas políticas y el consenso social para priorizar el agua disponible en Castilla-La Mancha al desarrollo de la región. Defiende además la prioridad de la cuenca cedente, la garantía de abastecimiento y el equilibrio territorial.
Ese debe ser el punto de partida. No se trata de cerrar el grifo a Madrid, sino de impedir que Guadalajara vuelva a quedar al final de la fila. Si el Sorbe es imprescindible para Madrid, también lo es para Guadalajara. La primera obligación es asegurar el agua de quienes viven y crecen aquí. En esto no debería haber colores políticos ni intereses particulares: la provincia debe hablar con una sola voz.