08/03/2019 / 20:22
Jesús de Andrés


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Encuestas

Ninguna encuesta pudo prever en las últimas elecciones municipales que el Ayuntamiento de Guadalajara se decidiría, como un gol en el último minuto. 


Las encuestas electorales, como todo aquello que en la vida nos puede traer cosas buenas o malas, no hay que afrontarlas con indiferencia pero sí con una prudente distancia. Tan sólo son una herramienta social para averiguar cuál es el sentir de la gente, cuáles son las trayectorias, las dimensiones de su conformidad o de su enfado. No predicen el futuro, al contrario de lo que muchos piensan, porque el futuro –por definición– es imprevisible. La sociología no es una ciencia exacta, no se puede someter a un grupo ni a una colectividad a experimentación porque la realidad no es susceptible de acierto o error, el tiempo es uno y continuo por más que la física teórica y algunos poetas se empeñen en lo contrario.
No hay que quedarse en el detalle, en la precisión exacta de los números, pero sí en lo que muestran sin ponerlo en primer término. El afán de cambio, por ejemplo, nos puede revelar más que un dos por ciento aquí o allá. El conocimiento y reconocimiento de un candidato nos puede dar más pistas que todo el volumen de indecisos. Comparadas, en su irrealidad, con otros momentos que sí fueron, con otros procesos electorales que tuvieron lugar hace cuatro u ocho años, las encuestas nos indican el camino por el que va la gente, de quién se alejan y a quién se acercan. A través de estas señales hay que saber leer los augurios que no se reflejan en tantos por ciento. Pero lo que no pueden descifrar, porque no son oráculo, es la dimensión de la torpeza o de la estulticia de aquellos que supuestamente pretenden ganar algo, que para eso se supone que se presentan.
Ninguna encuesta pudo prever en las últimas elecciones municipales que el Ayuntamiento de Guadalajara se decidiría, como un gol en el último minuto, por 45 votos que acabaron dando al PP su concejal número 11. Nadie pudo prever que una lista fantasma como Ganemos arrebataría 942 votos a la izquierda, que una opción en decadencia como UPyD le restaría 856 votos a la opción ganadora del centro que era Ciudadanos, o que, en fin, Vox le arrebatara ya hace cuatro años 614 votos al PP. Hay un proverbio anglosajón que dice que el diablo está en los detalles (y otra versión que dice que es Dios quien está en ellos). A la vista de las expectativas que abre la encuesta elaborada para Nueva Alcarria, puede afirmarse que en los detalles (la división de la izquierda a la izquierda del PSOE, la fuerza de Vox, el voto en blanco, la abstención) va a estar la respuesta a todas las dudas que hoy se plantean. De ello se hablará largo y tendido tras el 26-M, pues si el futuro no es predecible, siempre –y de qué forma– lo ha sido el pasado.


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