Entre la estampa y la estampida
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
José García de la torre - Periodista
Pocas veces, como este año, el ciclo pascual, que ahora discurre, marca el fin del invierno, coincidiendo justamente con el comienzo de la primavera. El problema que ya se llevan planteando muchos católicos practicantes desde hace unos años es qué actitud se debe tomar en estos días. ¿Qué hacer: turismo, indiferencia o recogimiento religioso? El escritor Jiménez Lozano, en su obra Advenimientos, dice que en una localidad española las cofradías del Viernes Santo celebran ya la Semana Santa una semana antes que la que señala el ciclo litúrgico, porque los cofrades se tienen que ir de vacaciones en Semana Santa.
El asunto puede tomarse, si se quiere, por el escaso lado cómico o pintoresco que tiene, pero, añade J. Lozano, ¿no es una manifestación más del creciente pensar modernísimo de que nada es nada ni significa nada y lo mismo da; o de que somos libres para hacer lo que queramos y cuando queramos?.
Y es que, actualmente, estos días están asociados tanto a la estampa religiosa como a la estampida motorizada. Son muchas las personas que pasan estos días sin pena ni gloria (nunca mejor dicho), asistiendo en multitud a esas procesiones que tuvieron lugar en las carreteras la madrugada del Jueves Santo. Los que todavía resistimos en nuestras localidades, nos consolamos recordando aquellas semanas santas, que representaban el marco reservado en el calendario para reflexionar sobre el lado trágico de la vida; la irrelevancia del hombre y su dependencia de lo mágico, lo divino; aquellas procesiones sin la bulla turística, sin costaleros pagados ni políticos abriendo paso al Paso como si fueran delante de una pancarta en una manifestación, en vez de aquellas damas de negro, con sus escapularios, peinetas y atavíos que les daban mucha dignidad.
Por si fueran pocos los cambios, según unos papiros encontrados, conocidos como el Evangelio de Judas, éste fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús. Que no lo traicionó. Judas cumplió una misión muy concreta encomendada por el Maestro. Éste, sabiendo que el momento se acercaba, pidió a su amigo Judas, que era un discípulo bastante más inteligente que los otros, que lo entregara..Si esto fuera cierto, el problema que puede presentarse en nuestra provincia es de categoría bíblica. Son muchos los pueblos (Cifuentes, Maranchón, Huertahernando, etc) que terminan estas fiestas ahorcando y quemando hoy un muñeco relleno de paja o aserrín, que representa al Judas traidor. Por su parte, el papa Benedicto XVI admitió en una audiencia, el 18 de octubre de 2006, que la traición de Judas sigue siendo un misterio. El tiempo lo dirá.
Y es que, actualmente, estos días están asociados tanto a la estampa religiosa como a la estampida motorizada. Son muchas las personas que pasan estos días sin pena ni gloria (nunca mejor dicho), asistiendo en multitud a esas procesiones que tuvieron lugar en las carreteras la madrugada del Jueves Santo. Los que todavía resistimos en nuestras localidades, nos consolamos recordando aquellas semanas santas, que representaban el marco reservado en el calendario para reflexionar sobre el lado trágico de la vida; la irrelevancia del hombre y su dependencia de lo mágico, lo divino; aquellas procesiones sin la bulla turística, sin costaleros pagados ni políticos abriendo paso al Paso como si fueran delante de una pancarta en una manifestación, en vez de aquellas damas de negro, con sus escapularios, peinetas y atavíos que les daban mucha dignidad.
Por si fueran pocos los cambios, según unos papiros encontrados, conocidos como el Evangelio de Judas, éste fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús. Que no lo traicionó. Judas cumplió una misión muy concreta encomendada por el Maestro. Éste, sabiendo que el momento se acercaba, pidió a su amigo Judas, que era un discípulo bastante más inteligente que los otros, que lo entregara..Si esto fuera cierto, el problema que puede presentarse en nuestra provincia es de categoría bíblica. Son muchos los pueblos (Cifuentes, Maranchón, Huertahernando, etc) que terminan estas fiestas ahorcando y quemando hoy un muñeco relleno de paja o aserrín, que representa al Judas traidor. Por su parte, el papa Benedicto XVI admitió en una audiencia, el 18 de octubre de 2006, que la traición de Judas sigue siendo un misterio. El tiempo lo dirá.