Esa gente sin carné...
01/10/2010 - 09:45
ARTÍCULOS
Federico Abascal
El futuro de hoy no se parece en nada al de hace cuatro años, en lo que a expectativas políticas se refiere, pues ahora la incertidumbre se resguarda en el ámbito que dibujan algunas predicciones económicas mientras que al despuntar la legislatura anterior, que ayer terminaba oficialmente, a la perplejidad por el vuelco electoral se añadían las incógnitas de un porvenir mas bien incierto.
El partido desalojado del gobierno considera a Zapatero un presidente accidental y poco duradero.
Entre los dos futuros mencionados sólo habría la semejanza de que en las esferas más altas del Gobierno socialista y ahora también en la representación parlamentaria del PSOE figuran tres personas sin carné del partido. Un militante de abolengo, como el extremeño Rodríguez Ibarra, expresó en la última reunión de la ejecutiva su malestar, compartido por otros compañeros, ante la ocupación de cargos políticos de gran responsabilidad por personas no afiliadas.
El magistrado en excedencia José Antonio Alonso, ex ministro de Interior y ahora de Defensa en funciones, será el nuevo portavoz del grupo parlamentario socialista, una de las tareas más difíciles y complejas del organigrama del PSOE.
Zapatero ha explicado que Alonso no tiene carné del PSOE porque a los jueces les está prohibido afiliarse a partidos políticos, aunque en cuatro años haya tenido tiempo para formular su afiliación.
En el mismo caso está María Teresa Fernández de la Vega, que seguirá siendo vicepresidenta primera del Gobierno. Lo de Pedro Solbes es diferente; al vicepresidente económico, ahora con poderes recrecidos, apuntarse a algo le da pereza. Y se comprende esa pereza si se observa la pesadez con que los partidos vigilan la ortodoxia de sus militantes y penalizan sus desviaciones de criterio. A la gente le gusta que su Gobierno no esté formado exclusivamente por personas de ortodoxia política comprometida, y aunque de la Vega, Solbes y Alonso sientan una lealtad muy firme a la corriente socialista que representa Zapatero, esa actitud no lleva la estampilla de un carné sino la de una convicción, que es lo bueno. La neutralidad doctrinal de Alonso le facilitaría su empeño declarado por llegar a consensos en asuntos de Estado, entre los que tiene prioridad las renovaciones en el Consejo General del Poder Judicial y en el Tribunal Constitucional.
De momento, y ante la constitución de las Cortes la próxima semana, lo urgente es consensuar la formación de las mesas del Congreso y del Senado, para lo cual iniciaba ayer el PSOE negociaciones con CiU y PNV. El portavoz del nacionalismo vasco, Erkoreka, aspira a que su partido tuviera un representante en cada una de las mesas, lo que supondría el voto favorable del PNV a Bono como presidente del Congreso.
Y con cierto sentido del humor sarcástico, Erkoreka justificaba ese voto porque siempre sería mejor tenerle a Bono ahí, en tarea de presidir sesiones parlamentarias, que con poder efectivo y real en un poder ejecutivo. Por lo demás, pocas o, más bien, ninguna sorpresa de gran calibre.
Entre los dos futuros mencionados sólo habría la semejanza de que en las esferas más altas del Gobierno socialista y ahora también en la representación parlamentaria del PSOE figuran tres personas sin carné del partido. Un militante de abolengo, como el extremeño Rodríguez Ibarra, expresó en la última reunión de la ejecutiva su malestar, compartido por otros compañeros, ante la ocupación de cargos políticos de gran responsabilidad por personas no afiliadas.
El magistrado en excedencia José Antonio Alonso, ex ministro de Interior y ahora de Defensa en funciones, será el nuevo portavoz del grupo parlamentario socialista, una de las tareas más difíciles y complejas del organigrama del PSOE.
Zapatero ha explicado que Alonso no tiene carné del PSOE porque a los jueces les está prohibido afiliarse a partidos políticos, aunque en cuatro años haya tenido tiempo para formular su afiliación.
En el mismo caso está María Teresa Fernández de la Vega, que seguirá siendo vicepresidenta primera del Gobierno. Lo de Pedro Solbes es diferente; al vicepresidente económico, ahora con poderes recrecidos, apuntarse a algo le da pereza. Y se comprende esa pereza si se observa la pesadez con que los partidos vigilan la ortodoxia de sus militantes y penalizan sus desviaciones de criterio. A la gente le gusta que su Gobierno no esté formado exclusivamente por personas de ortodoxia política comprometida, y aunque de la Vega, Solbes y Alonso sientan una lealtad muy firme a la corriente socialista que representa Zapatero, esa actitud no lleva la estampilla de un carné sino la de una convicción, que es lo bueno. La neutralidad doctrinal de Alonso le facilitaría su empeño declarado por llegar a consensos en asuntos de Estado, entre los que tiene prioridad las renovaciones en el Consejo General del Poder Judicial y en el Tribunal Constitucional.
De momento, y ante la constitución de las Cortes la próxima semana, lo urgente es consensuar la formación de las mesas del Congreso y del Senado, para lo cual iniciaba ayer el PSOE negociaciones con CiU y PNV. El portavoz del nacionalismo vasco, Erkoreka, aspira a que su partido tuviera un representante en cada una de las mesas, lo que supondría el voto favorable del PNV a Bono como presidente del Congreso.
Y con cierto sentido del humor sarcástico, Erkoreka justificaba ese voto porque siempre sería mejor tenerle a Bono ahí, en tarea de presidir sesiones parlamentarias, que con poder efectivo y real en un poder ejecutivo. Por lo demás, pocas o, más bien, ninguna sorpresa de gran calibre.