Estaba feliz cuando muri
01/10/2010 - 09:45
CARTAS AL DIRECTOR
ANA ISABEL MARTÍNEZ HERRANZ. - Guadalajara
El pasado lunes, conocí a Caco, Carlos Alberto Carbajo Sevilleja, en el Tanatorio de Guadalajara. No le había visto antes, no había hablado con el, no le conocía. Por eso os pido disculpas si mi atrevimiento al escribir esta carta molesta a alguien.
Pero lo que vi en esos momentos y lo que sentí es que allí había congregado mucho, muchísimo dolor por su perdida. Yo trabajo como psicóloga en la Asociación Española Contra el Cáncer, nosotros prestamos apoyo psicológico a personas que sufren, sean pacientes de cáncer o familiares y tengo que deciros que la muerte de un ser querido nunca nos viene bien , da igual su edad, la relación que mantenemos con él, su estado físico, su estado mental, ...
Pero os pido que por un momento reflexionéis conmigo: Si nos preguntasen como querríamos que fuese nuestra muerte la mayoría de nosotros responderíamos: Querría tener una muerte digna, rápida, sin dolor, habiendo sido feliz, sabiendo que he conseguido amar y querer, habiéndome sentido amado y querido, haciendo lo que me gusta y con lo que disfruto, habiendo disfrutado de la vida cada momento vivido,... Caco lo ha conseguido, ayer vi mucho dolor, fruto amargo para los que quedan del mucho AMOR que todos sentíais por él. Seguro que Caco se siente orgulloso de si mismo y de vosotros por amor que ha sido capaz de concentrar. Ojala cada uno de nosotros cuando llegue el inevitable momento de nuestra muerte podamos tener un acompañamiento como el que ayer tuve el honor de presenciar: Estaban sus padres, Sagrario y Luis, sus hermano Diego, su novia, sus tíos, primos, amigos, compañeros, vecinos,... Allí todo el mundo lloraba y se abrazaba, el dolor estaba presente y daba igual la edad, el sexo, el parentesco, ... Sus padres no dejaron de estar abrazados y de abrazarse ni un segundo, les brazaban por detrás, por la cintura, sujetándoles, dándoles la fortaleza física y emocional que en esos momentos no podían tener, nadie podrá devolverles a Caco, pero Caco seguirá con vosotros, con nosotros siempre que lo tengamos en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Una de sus tías me decía: Qué hacemos ahora con ellos, cómo podemos ayudarles y yo le contesté: Haciendo lo que ya estáis haciendo, acompañándoles y queriéndoles. La prescripción la hago extensiva a todos los que sufrís por la perdida de Caco: Hablad de el y dejadles hablar de él, llorar y dejadles llorar, gritar y dejadles gritar, patalear y dejadles patalear, escribid y sobre todo acompañaros unos a otros demostrándoos que le queríais y que os queréis, como lo hacíais ayer, dándoos y dándoles abrazos de 20 segundos cada 15 minutos. Con la tranquilidad profunda, como la que reflejaba la cara de Caco, de que la muerte de caco fue rápida, sin dolor, amando y siendo amado, queriendo y siendo querido y haciendo lo que le gustaba.
Pero os pido que por un momento reflexionéis conmigo: Si nos preguntasen como querríamos que fuese nuestra muerte la mayoría de nosotros responderíamos: Querría tener una muerte digna, rápida, sin dolor, habiendo sido feliz, sabiendo que he conseguido amar y querer, habiéndome sentido amado y querido, haciendo lo que me gusta y con lo que disfruto, habiendo disfrutado de la vida cada momento vivido,... Caco lo ha conseguido, ayer vi mucho dolor, fruto amargo para los que quedan del mucho AMOR que todos sentíais por él. Seguro que Caco se siente orgulloso de si mismo y de vosotros por amor que ha sido capaz de concentrar. Ojala cada uno de nosotros cuando llegue el inevitable momento de nuestra muerte podamos tener un acompañamiento como el que ayer tuve el honor de presenciar: Estaban sus padres, Sagrario y Luis, sus hermano Diego, su novia, sus tíos, primos, amigos, compañeros, vecinos,... Allí todo el mundo lloraba y se abrazaba, el dolor estaba presente y daba igual la edad, el sexo, el parentesco, ... Sus padres no dejaron de estar abrazados y de abrazarse ni un segundo, les brazaban por detrás, por la cintura, sujetándoles, dándoles la fortaleza física y emocional que en esos momentos no podían tener, nadie podrá devolverles a Caco, pero Caco seguirá con vosotros, con nosotros siempre que lo tengamos en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Una de sus tías me decía: Qué hacemos ahora con ellos, cómo podemos ayudarles y yo le contesté: Haciendo lo que ya estáis haciendo, acompañándoles y queriéndoles. La prescripción la hago extensiva a todos los que sufrís por la perdida de Caco: Hablad de el y dejadles hablar de él, llorar y dejadles llorar, gritar y dejadles gritar, patalear y dejadles patalear, escribid y sobre todo acompañaros unos a otros demostrándoos que le queríais y que os queréis, como lo hacíais ayer, dándoos y dándoles abrazos de 20 segundos cada 15 minutos. Con la tranquilidad profunda, como la que reflejaba la cara de Caco, de que la muerte de caco fue rápida, sin dolor, amando y siendo amado, queriendo y siendo querido y haciendo lo que le gustaba.