16/12/2010 / 00:00
Rosa Villacastín


Fabiola, nacida para reinar


 
Han pasado 50 años desde que Fabiola y Balduino, Rey de los belgas, se dieran el "si quiero". Un acontecimiento que llevó prendido en la retina de mi memoria porque fue el primero que se retransmitió en España, donde escaseaban las televisiones, de manera que para ver la ceremonia tuvimos que trasladarnos a casa de un familiar ya que en la mía no teníamos el tan preciado aparato. De aquel día recuerdo muchas cosas, pero sobre todo la sonrisa de la novia, el vestido -uno de los más bellos que he visto en mi vida, no en vano se lo hizo ese gran modisto que fue Balenciaga-, la felicidad y la excitación de los españoles no sólo por el hecho insólito de que una madrileña, normal y corriente -Fabiola lo era por más que perteneciera a una familia aristocrática de nuestro país-, hubiera conquistado el corazón de uno de los hombres más deseados de la realeza europea, sino porque de alguna manera con Fabiola en el trono belga, España volvía a estar en el punto de mira de quiénes hasta ese momento nos ignoraban por cuestiones políticas, que no de otro tipo. Recuerdos, anécdotas, pequeñas y grandes historias de toda una vida que ha recuperado el escritor navarro Fermín J. Urbiola, en un libro que estoy segura que tendrá un gran éxito, porque es la primera biografía que se escribe de Fabiola, una mujer singular, querida y respetada, moderna y rompedora, por más que la imagen que de ella se tiene en nuestro país sea el de una Reina introvertida y discretísima, a quién conocí por cierto en Motril, en momentos muy dolorosos para ella, la muerte de Balduino, y más tarde en Marbella, cuando acudió al entierro de su hermano Jaime de Mora y Aragón, al que adoraba pese a que era lo más opuesto a ella. Hay que decir a favor de Balduino y Fabiola, que fueron los primeros en romper una tradición que venía de lejos, la de que los herederos reales tenían que contraer matrimonio con mujeres de sangre azul. Una tradición muy extendida en otras épocas, que tiende a desaparecer por el devenir de los tiempos, como ya ha ocurrido en España, en Inglaterra, en Bélgica, en Holanda y Dinamarca. Lo que ha supuesto una verdadera revolución para una de las instituciones mejor valoradas de la Europa Comunitaria, no tanto por su papel político sino por la habilidad con la que han afrontado los retos de una sociedad joven, a veces desarraigada, que nada tiene que ver con la de sus antepasados. Describe Urbiola en su libro cómo era la vida de la entonces enfermera, escritora de cuentos, siempre solidaria Fabiola de Mora y Aragón, pero sobre todo reproduce una frase del propio Balduino que resume mejor que ninguna otra sus sentimientos por la española: "Amar no consiste en mirarse el uno al otro, sino en mirar juntos en la misma dirección". . 

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