25/04/2020 / 17:08
Antonio Yagüe


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Fiestas aguadas

Ayuntamientos de pueblos zaragozanos han decidido dedicar el presupuesto de festejos, romerías, conciertos, festivales y demás cosas suspendidas en ayudas para los autónomos y necesidades básicas de los vecinos.


En verano sin las fiestas de mi pueblo no es verano. Es el lamento que reina en grupos de wasaps y conversaciones entre amigos y familiares. Los organizadores de muchos pueblos andan preocupados por cómo reubicarlas al otoño. Empezando por las primaverales a la vuelta de la esquina, como San Isidro o San Pascual, o las romerías a la Virgen de la Hoz y del Montesino. Algunos proponen suspenderlas, sin más, y recuperarlas en su día al año que viene. Con salud y regocijo. 

Muchas fiestas de verano siguen en el aire y se vislumbran aguadas por el maldito virus. Ayuntamientos de varios pueblos zaragozanos han decidido dedicar todo el presupuesto de festejos, romerías, conciertos, festivales y demás cosas culturales y adláteres suspendidas en ayudas para los autónomos y en atender las necesidades básicas de los vecinos más azotados por la imprevista crisis económica. Seguramente es una buena política cultural. 

España ostenta el récord mundial de celebraciones, con más de 20.000 de interés turístico y tradicional, que se multiplican y solapan en agosto hasta en los pueblos más diminutos. A esta fiebre por la parranda y el jolgorio se añaden centenares de ferias y festejos de interés nacional o internacional. No hay pueblo que se precie con un estío sin fiestas, comilonas, charangas, verbenas, competiciones infantiles y de adultos, e incluso encierros y becerradas si hay fondos y un alcalde tolerante. En estas celebraciones se va un pellizco del presupuesto municipal, un auténtico derroche de dinero de nuestro bolsillo y público que, en contra de lo que decía una vicepresidenta antes de serlo, es de los contribuyentes.

Cuentan los abuelísimos que cuando la Guerra Civil los bailes, comidas y procesiones al aire libre estaban prohibidos por prescripción militar-eclesiástica, para no ser blanco fácil de la aviación y del demonio. “Este año no estamos para fiestas, déjate, hay que tener cuidado y ahorrar”,  aconsejan. Ciertamente, y más ahora que nos hemos acostumbrado, se pueden hacer virtuales. Resultan más aburridas, pero más culturales. 


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