01/12/2010 / 00:00
Carlos Carnicero


Filtraciones, transparencia y seguridad


Quienes eran partidarios, en otros tiempos, de la transparencia hasta en la cloacas del estado, se muestran escandalizados por la publicación en el diario El País de los documentos proporcionados por Wikileaks. Lo que caracteriza a la era de las comunicaciones es la dificultad de esconder los hechos, porque las redes son capaces cada vez de perforar con más eficacia los muros del secretismo. Las razones de estado son, en general, las coartadas sucesivas para ejercer la contra ética desde el poder. Lo estamos viendo en este gobierno socialista en su posición en la crisis del Sahara. Es cierto que lo que se está conociendo se suponía. La diplomacia, siempre, ha sido la mixtura de la política con el espionaje. Y que los diplomáticos son espías de baja intensidad es un hecho innegable: se trata de facilitar la mejor información para la política exterior más eficaz. Y eso llega casi a los secretos de alcoba, porque todo aprovecha frente al adversario. Lo que ocurre es que ver negro sobre blanco lo que uno suponía tiene un gran valor de movilización interior. A nadie puede sorprender que el Departamento de Estado se preocupe por la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner, pero resulta, cuando menos divertido, que sus principales colaboradores hablen de ella y de su ya ex marido de la forma que lo hacen delante de diplomáticos norteamericanos. Que Zapatero es cortoplacista no es un descubrimiento deslumbrante, pero resulta interesante conocer estos juicios emitidos en nota oficial estadounidense. Hay un problema derivado de estas publicaciones: a partir de ahora, los gobiernos ocultaran más sus miserias, sus indiscreciones y el relato de la cruda realidad desde su punto de vista. Y no hay que esperar a que se desclasifiquen documentos: todos sabíamos que Henry Kissinger auspició, protegió y colaboró con los crímenes de la dictadura de Pinochet, pero hemos tenido que esperar muchos años para conocer los documentos que lo certifican. Al final no hay mucha diferencia porque estos villanos que actúan en la impunidad del secreto, cuando se conocen sus hechos, no son juzgados porque las "razones de estado" protegen a los mayores criminales. Pero es formidable que conozcamos la labor de los diplomáticos espías en tiempo real.

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