26/06/2021 / 13:38
Antonio Yagüe


Imagenes

Fin de curso

El curso escolar, por el que nadie daba un duro en septiembre, ha sido un éxito en general.


Han terminado las clases de un curso que pasará a la historia por el miedo y la incertidumbre generada por un virus con el que hemos tenido que aprender a convivir. Con más ventanas y puertas abiertas, sin vernos los labios, con el riesgo de sordera al oír menos con las mascarillas, sin competiciones ni excursiones, con aplausos vespertinos a sanitarios que quedaron en nada  y con la cacareada vacunación de nunca acabar en España.

El curso escolar, por el que nadie daba un duro en septiembre, ha sido un éxito en general. En la mayoría de  centros, los docentes y equipos directivos se han portado. Han  echado horas más allá de sus obligaciones, han  respondido con desdobles y turnos, y han bajado el número de alumnos por aula para que se pudieran mantener las distancias. Un merecido sobresaliente, sobre todo a los más pequeños. 

En contraste, será difícil encontrar un curso político más tormentoso, en el que se fueron  acumulando una inédita crisis sanitaria, otra económica, mociones de censura, elecciones a cara de perro en Cataluña y Madrid con insultos y descalificaciones, conflicto con Marruecos, leñazo diplomático con Biden, lavadoras nocturnas, indultos y absoluciones eclesiales a convictos no arrepentidos, fotos en Colón y el Liceo, y magnas factorías de propaganda política.

Diputados, senadores y otros cargazos electos y a dedo con sueldos estratosféricos también partirán pronto de vacaciones cual escolares. Hasta el CIS de Tezanos les otorgaría un cate colectivo de libro, empezando por no haberse incluido en los ERTES y terminando por no haber logrado en todo el curso político-legislativo un solo consenso. Un colega asegura que muchos eluden coincidir con otros hasta en el WC del Congreso y sostiene, como ejemplo, que si hoy se debatiera algo tan simple como circular por la izquierda o la derecha (imposición napoleónica en sus dominios, no franquista) tampoco habría acuerdo,  o la norma tendría más excepciones o agujeros que un colador.

Muchos políticos necesitarían examinarse en septiembre. “Queremos mentiras nuevas”, demandaba una pancarta de El Roto en 2008. Seguramente nos las darán sin tasa a la vuelta, ya bien bronceados.


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