Frío desperdiciado
Tras iniciar el año de campeones con alguna temperatura nocturna más baja de España y la campaña municipal para hacer el frío rentable, resulta que el flamante Parador de Molina de Aragón, erigido para revitalizar la zona, cerrará hasta marzo y luego durante noviembre y diciembre.
Dieciocho años de obras con más 22 millones de euros invertidos y una retahíla de gobernantes de medio pelo posando con chaleco amarillo y casco, para que los amantes del turismo invernal se topen con las puertas cerradas de la “‘joyita’ con las mejores vistas de España” (Page dixit).
El complejo vanguardista, presentado el pasado Fitur a bombo y platillo, cuenta con 24 habitaciones. “Frío desperdiciado. Así no se hace patria. Seguimos como estábamos”, lamenta con retranca un molinés que invitó a unas amistades selectivas a visitar la Noble y Muy Leal ciudad con su esencia medieval.
La frustrada excursión con un frío que pela incluía una ruta por el Alto Tajo con parada en los excelentes restaurantes Salinas de Armalla y Corrinche de Alcoroches, iglesias románicas de Labros-Hinojosa-Tartanedo, y Gallocanta (Zaragoza) con su laguna superpoblada de grullas y una rasca de cojones como certificó Cela en su día.
La gira podría haberse completado con unas icónicas migas en sartén con trébedes en chasca de chaparro, subida a la Señorita (Aragoncillo) y al cerro de Santa Bárbara de Amayas con sus panorámicas majestuosas, bajada al Valle del Mesa, remontada hacia Iruecha (Soria) por el singular chozón sabinero de Mochales, y nuevo descenso hasta Villel y su castillo para rematar sonándose la moquita con buen vino en el estupendo bar Carlos de Algar.
Nada como la belleza de la nieve la semana pasada, grabar con las manos aterecidas cómo se depositan los copos en el suelo y se va creando un manto que amortigua el silencio. Sublime.