13/08/2019 / 13:20
Jesús Fernández


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Fronteras humanas

El flujo de migraciones y movimiento de masas y de civilizaciones ha existido siempre.


En este mundo globalizado, todo él, toda la tierra  es distrito único para vivir o residir. Libertad de residencia y de asentamiento para todas las familias y las personas. Libertad de movimientos y de trabajo. Y sin embargo, existen fronteras, existen nacionalidades. Cuando hablamos de fronteras humanas no nos estamos refiriendo a que los métodos de control en ellas sean humanos, amables, afables. Nos queremos referir a que el hombre lleva las fronteras en sí mismo. No hay fronteras exteriores en sus derechos, en su conciencia, en sus valores, en sus obligaciones. Sólo hay fronteras en las leyes. La reducción del hombre, del individuo a simple ciudadano está siendo muy cuestionada hoy. Yo lucho desde estas páginas por una antropología total. El hombre es todo. Humanización de la política. La Ilustración moderna consiguió que el ciudadano fuese considerado como hombre, como persona. Hoy recorremos el mismo camino pero en dirección contraria. De ahí la antropología moderna o el conocimiento y reconocimiento del hombre en todo. La política pertenece a la antropología.

El flujo de migraciones y movimiento de masas y de civilizaciones ha existido siempre. La historia de los pueblos es la historia de las migraciones más que de los asentamientos. No hay cultura sin movimiento, sin espacios geográficos, sin territorio. Polinización cultural, hemos dicho otras veces. A eso se debe, por ejemplo, el Renacimiento en Europa, a saber, intelectuales y pensadores de Oriente fueron traídos a Occidente. Habitar es asumir voluntariamente las condiciones de la nueva residencia. En la moral y en el derecho no hay fronteras o, si las hay, son siempre fronteras humanas. A esto nos referimos cuando titulamos esta colaboración, fronteras humanas. El gran problema de Europa de los refugiados hay que tratarlo con esta perspectiva, con esta antropología.

La libertad de emigración no puede ser contemplada como un negocio ni en su origen ni en su traslado ni en su  recepción. Origen y causa. Países emisores. Porque algunas personas, familias, razas, confesiones religiosas  son echados, expulsados, obligados a irse. Sin entrar en otras consideraciones ¿quiénes especulan y ganan con esta huida forzosa? ¿Quién se queda y se enriquece con sus posesiones? ¿Por qué no se respeta el principio de propiedad privada? No existe el principio de indemnización. A continuación viene la necesidad perentoria de traslado, de transporte del que se benefician algunas mafias dedicados a ello. Ya están a salvo pero están en camino, en peregrinación además del destierro. Todo el peso, la responsabilidad y la condena se cargan ahora en el país receptor. Aquí viene ahora el problema de las fronteras humanas. ¿Sólo tienen que ser humanas, las fronteras o los países de acogida? La unidad del género humano y la solidaridad entre los hombres se hace patente. Muchos Estados europeos incluyen en sus presupuestos ingentes  recursos para atender a los que llegan sin nada. Esto también son fronteras humanas porque el hombre lleva dentro la frontera de sus derechos y valores culturales.  


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