Galgos o podencos

25/07/2026 - 13:30 Jesús de Andrés

Sobrecoge la tragedia, ver arder la Sierra, cómo el fuego destruye vida y arrasa el paisaje devorando montes y pinares. Ahoga la congoja por las personas, los animales y las casas. Se cumplían 21 años del otro incendio, el de los pinares del Ducado.

Entonces ardieron 13.000 hectáreas de pino, roble y sabina. Más del doble será está vez. Cuesta trabajo creerlo. Afortunadamente, al contrario que en 2005, el incendio, los incendios, de momento no se han cobrado vidas humanas. Como los grandes traumas, no será fácil superarlo. Pasarán décadas y sus cicatrices seguirán ahí, en la naturaleza arruinada y en la memoria de las gentes. 

En el otro gran incendio, la causa de la catástrofe fue la inconsciencia de unos domingueros, maldita sea la hora. En esta ocasión ha sido una cosechadora, maldita sea también. Tras las lluvias de primavera y la sequedad del verano, estaba el campo como un almacén de pirotecnia, como un polvorín esperando mecha. Poco importa si fue el alcalde, si fue una imprudencia, si fue obcecación o pura testarudez: nada va a devolver ahora la vida a los bosques ni a impedir las cenizas. Habrá, la está habiendo, una investigación judicial, y serán los tribunales quienes sentencien responsabilidades e impongan penas, si las hay. Sabremos si se podía cosechar a esas horas o si no se podía. Premonitorias, señal de un inquietante karma, fueron las protestas de los agricultores los días previos para evitar las limitaciones horarias al cosechado. Me pasman tanto los que niegan los hechos, reconocidos por su protagonista, como los que convierten este suceso en un capítulo más de su batalla política fratricida. Qué pereza dan.

Si de algo debiera servir esta desgracia es precisamente para unirnos en la aflicción y entender que la prevención de los incendios debe afrontarse de forma racional. Resultaron proféticas las palabras de un indignado agricultor, que decía que de seguir así no iban a poder sembrar: efectivamente, si quemamos el campo de esta forma no se va a poder sembrar nada. Negar el cambio climático cuando los datos y las estadísticas de temperaturas en constante incremento lo corroboran, es terraplanismo heavy. Pero igual ocurre con quienes, cuando son interpelados por la necesidad de prevenir en invierno, de limpiar los montes, de hacer cortafuegos y no esperar al mes de julio, miran para otro lado. Deben aceptar la crítica, salir del y tú más y ponerse a ello. No nos vaya a pasar como en la fábula de Iriarte, que más pendientes de discutir si son galgos o podencos que de correr seamos atrapados, totalmente arrasados por el fuego.