Gobernar sobre metáforas
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
ANDRÉS ABERASTURI - Periodista
Lo dijo ZP y nunca pensamos que sería el lema de esta legislatura, que la cosa iba tan en serio: hay que predicar con el ejemplo y todos se lo han tomado tan al pie de la letra, que el nuevo gabinete, más que gobernar hace metáforas. Metáforas y milagros.
De los segundos -aún por ver- se encargará Solbes porque ya nos contarán con una desaceleración (metáfora: en realidad se llama crisis) de la economía que no levantará cabeza al menos hasta 2011, cómo se van a poder cumplir buena parte de las promesas electorales del PSOE y, sobre todo, una Ley como la de la Dependencia a la que justamente denominaron cuarto pilar del estado del bienestar (dos metáforas) y que, según dijimos muchos en su momento, nació ya con aluminosis. Aunque comprendo que lo mío es realismo sucio frente al metafórico estilo del nuevo gabinete, sencillamente no hay dinero y menos que habrá. Así que al bueno de Solbes sólo le queda una salida: apuntarse a la metáfora porque el superávit va a ser difícil, se va a gastar justo la mitad en un plan de choque que navega entre dos aguas: la real que es la posibilidad de ampliar gratis los plazos de las hipotecas, por ejemplo, y la hiperbólica de recolocar a los parados de la construcción -y a todos los demás- no se sabe muy bien dónde ni cómo ni a costa de quién
Pero no hablemos de dinero que resulta siempre cosa de mal gusto. Sigamos mejor por la florida senda de la palabra y así nos topamos otra vez con ese extraño Ministerio de la Igualdad que es una metáfora en sí mismo hasta que no se demuestre lo contrario. Resulta que para ocupar el cargo de Delegado del Gobierno contra la violencia machista -dependiente de este ministerio- ha sido nombrado el doctor Miguel Lorente, toda una autoridad en la materia y referencia obligada a la hora de abordar estos temas. ¿Dónde está entonces la metáfora? En lo que él mismo ha dicho -quizás por modestia- tras conocer su nuevo destino: nombrar a un hombre para este puesto es un acto simbólico fundamental. Y es que la metaforiación parece contagiosa incluso en los aciertos. Al doctor Lorente le han nombrado por sus reconocidísimos méritos en la investigación y la lucha contra la violencia de género y no por puro simbolismo.
Y llegó el Consejo de Ministros y todo el mundo pendiente no ya de cómo iba a llegar el agua a Barcelona -que lo importante es que llegue y cuanto antes mejor- sino de cómo lo iba a calificar la hierática vicepresidenta del Gobierno. No defraudó: defendió con el rigor que le caracteriza que no se trata en absoluto de un trasvase sino de una conducción. ¡Menos mal, ya se quedará todo el mundo tranquilo¡
Yo tengo para mí que esta erupción metafórica, esta fiebre por no llamar a las cosas por su nombre, comenzó con el cese temporal de la convivencia matrimonial de los duques de Lugo, toda una fórmula pelín rebuscada y algo cursi para no llamar separación a la separación. Pues en eso estamos. Entre ceses temporales, actos simbólicos, desaceleraciones y conducciones, vamos llenando la realidad de irrealidades y haciendo pilares de cartón piedra. El problema va a ser cuando haya que edificar todo una legislatura sobre estas singulares metáforas que pueden ser hermosas pero no van a aguantar el peso grosero de la verdad pura y desnuda.
Pero no hablemos de dinero que resulta siempre cosa de mal gusto. Sigamos mejor por la florida senda de la palabra y así nos topamos otra vez con ese extraño Ministerio de la Igualdad que es una metáfora en sí mismo hasta que no se demuestre lo contrario. Resulta que para ocupar el cargo de Delegado del Gobierno contra la violencia machista -dependiente de este ministerio- ha sido nombrado el doctor Miguel Lorente, toda una autoridad en la materia y referencia obligada a la hora de abordar estos temas. ¿Dónde está entonces la metáfora? En lo que él mismo ha dicho -quizás por modestia- tras conocer su nuevo destino: nombrar a un hombre para este puesto es un acto simbólico fundamental. Y es que la metaforiación parece contagiosa incluso en los aciertos. Al doctor Lorente le han nombrado por sus reconocidísimos méritos en la investigación y la lucha contra la violencia de género y no por puro simbolismo.
Y llegó el Consejo de Ministros y todo el mundo pendiente no ya de cómo iba a llegar el agua a Barcelona -que lo importante es que llegue y cuanto antes mejor- sino de cómo lo iba a calificar la hierática vicepresidenta del Gobierno. No defraudó: defendió con el rigor que le caracteriza que no se trata en absoluto de un trasvase sino de una conducción. ¡Menos mal, ya se quedará todo el mundo tranquilo¡
Yo tengo para mí que esta erupción metafórica, esta fiebre por no llamar a las cosas por su nombre, comenzó con el cese temporal de la convivencia matrimonial de los duques de Lugo, toda una fórmula pelín rebuscada y algo cursi para no llamar separación a la separación. Pues en eso estamos. Entre ceses temporales, actos simbólicos, desaceleraciones y conducciones, vamos llenando la realidad de irrealidades y haciendo pilares de cartón piedra. El problema va a ser cuando haya que edificar todo una legislatura sobre estas singulares metáforas que pueden ser hermosas pero no van a aguantar el peso grosero de la verdad pura y desnuda.