07/12/2010 / 00:00
Rafael Martínez Simancas


Golpe de coroneles


 
El viernes por la tarde, cuando el pulso de los controladores aéreos no tenía vías de solución, el vicepresidente primero decidió enviar a los coroneles a las torres de control. Eso y decretar el estado de alarma tuvieron un efecto balsámico sobre el problema que atascó a miles de pasajeros en los aeropuertos nacionales. Rubalcaba tomó el mando de una situación que le había desbordado a José Blanco, incapaz de entenderse con los controladores, y lo hizo a su manera: golpe de coroneles. Puede que a muchos le sorprendiera pero era la misma política que Rubalcaba había aplicado a Zapatero un mes y medio antes, justo cuando remodeló el gabinete. En ese momento Rubalcaba decidió dar un golpe de coroneles y sustituir al presidente en aquellas funciones en las que se había quedado encallado y sin solución. Desde entonces Zapatero ha quedado como una figura vacía de funciones y cuya ausencia tampoco se ha notado en la cumbre Iberoamericana. Esta misma crisis, sin Rubalcaba, se habría prolongado en el tiempo como si fuera una tableta de turrón duro, es decir durante toda la navidad. Con Zapatero al frente del gabinete de crisis la situación habría tendido a dilatarse de una manera atroz porque el presidente es reacio a tomar soluciones drásticas aunque le beneficien, forma parte de su extraño carácter. No hace falta que los cables de wikileaks nos cuenten como es Rubalcaba, conocemos su manera de actuar. Es la manera más alejada de gestionar de Zapatero, ahí reside su valor. La duración del estado de alarma depende de lo que se vote en el Congreso, pero no cabe duda de que el Gobierno va a estar en tensión de aquí a las generales porque Rubalcaba se lo ha tomado en serio, ya veremos si el golpe de autoridad es definitivo para recuperar la enorme distancia perdida con respecto al Partido Popular. Pero no descarten ningún movimiento que pueda hacer el vicepresidente primero porque va a aplicar el criterio de la lucha contra los controladores a todo aquello que sea reactivar su partido. Aquello del Gobierno de diecisiete portavoces se acabó, con que Alfredo lo tenga claro ya saben los demás ministros en qué momento deben pasar a un discreto segundo plano. El chantaje de los controladores no es más que otro detalle amargo consecuencia de la política de debilidad del Gobierno de Zapatero. Podríamos hacer recuento de algunas calamidades recientes, pero este asunto ha sido la gota que colmó el vaso. Una vez que se ha hecho con las alturas de las torres todo lo demás son movimientos tácticos de segundo nivel.

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