Guadalajara en Madrid
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
C. Sanz Establés - Periodista
La Casa de Guadalajara en Madrid celebra su 75 aniversario con un variado programa de actos para reivindicar la realidad provincial, pero también con una seria amenaza de futuro sobre sus cabezas al tener que abandonar, muy pronto, el emblemático edificio de la céntrica plaza de Santa Ana, en Madrid.
Desacuerdos con la propiedad sobre el fin que debe dar al edificio, con sus intereses legítimos por otra parte, y tras distintas resoluciones judiciales, obligan al incansable José Ramón Pérez Acebedo y a su fiel Junta Directiva a trasladarse a otra sede social.
Es evidente que, en estas circunstancias, la celebración de 75 aniversario será un tanto agridulce, aunque también la presencia de destacadas personalidades y autoridades provinciales en los actos conmemorativos pueden dar lugar, y sería lo deseable,a un debate sobre el futuro de la Casa de la provincia en Madrid, y sobre el papel que pueden y deben jugar en la capital del Reino tanto esta institución como las propias administraciones públicas de la capital y provincia. La Casa de Guadalajara cuenta con muy pocos recursos para hacer frente al traslado, nuevo alquiler de locales, obras de remodelación y dotación de mobiliario. Sería, por tanto, un buen momento para que desde Guadalajara capital y provincia se piense en el futuro de esta institución con una larga historia de guadalajareñismo a sus espaldas y aprovechen las coyuntura para plantar sus reales en Madrid, capital del enorme e inagotable granero de turistas y visitantes si es que conseguimos que, algún día, nos lleguen a conocer de verdad.
Hace años se intentó crear en la Casa de Guadalajara una especie de escaparate de la artesanía provincial, como embajadora de la provincia en Madrid. Aquello acabó siendo una muy buena idea que resultó mal por falta de medios y de gestión adecuada, pero que puede dar pistas para el futuro. No debiera ser complicado que las instituciones públicas de Guadalajara se pongan de acuerdo para adquirir patrimonio inmobiliario en Madrid, dotarlo adecuadamente, crear allí una verdadera delegación de la provincia en la capital del Reino, con las fórmulas jurídicas que puedan estudiarse, y dejar la gestión a las buenas y trabajadores gentes de la Casa que han sabido mantenerla a flote durante 75 años, una vida entera vamos.
Es evidente que, en estas circunstancias, la celebración de 75 aniversario será un tanto agridulce, aunque también la presencia de destacadas personalidades y autoridades provinciales en los actos conmemorativos pueden dar lugar, y sería lo deseable,a un debate sobre el futuro de la Casa de la provincia en Madrid, y sobre el papel que pueden y deben jugar en la capital del Reino tanto esta institución como las propias administraciones públicas de la capital y provincia. La Casa de Guadalajara cuenta con muy pocos recursos para hacer frente al traslado, nuevo alquiler de locales, obras de remodelación y dotación de mobiliario. Sería, por tanto, un buen momento para que desde Guadalajara capital y provincia se piense en el futuro de esta institución con una larga historia de guadalajareñismo a sus espaldas y aprovechen las coyuntura para plantar sus reales en Madrid, capital del enorme e inagotable granero de turistas y visitantes si es que conseguimos que, algún día, nos lleguen a conocer de verdad.
Hace años se intentó crear en la Casa de Guadalajara una especie de escaparate de la artesanía provincial, como embajadora de la provincia en Madrid. Aquello acabó siendo una muy buena idea que resultó mal por falta de medios y de gestión adecuada, pero que puede dar pistas para el futuro. No debiera ser complicado que las instituciones públicas de Guadalajara se pongan de acuerdo para adquirir patrimonio inmobiliario en Madrid, dotarlo adecuadamente, crear allí una verdadera delegación de la provincia en la capital del Reino, con las fórmulas jurídicas que puedan estudiarse, y dejar la gestión a las buenas y trabajadores gentes de la Casa que han sabido mantenerla a flote durante 75 años, una vida entera vamos.