¡Habemus campus!
01/10/2010 - 09:45
EDITORIALES
Después de que el martes el alcalde de la capital, Antonio Román y el rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Virgilio Zapatero hicieran gala de la buena relación que les une, ayer llegaron los primeros detalles del acuerdo que hará realidad el nuevo campus.
Tras meses de espera y propuestas, descabelladas para unos y oportunistas para otros, como la hecha por el alcalde de Cabanillas lo cierto es que ya ¡Habemus campus! El proyecto, tan esperado como desesperante, parecía haber caído en las malas manos de la confrontación política convirtiéndose en un arma arrojadiza que volvía a enfrenta a dos administraciones de signo distinto, la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento, que cambió de color tras las elecciones municipales del pasado mes de mayo. La decisión ha sido salomónica, y cada parte participante en el proyecto ha cedido para que el mismo no acabe en el fondo de algún cajón. Por una parte Universidad y Junta de Comunidades, que se manifestaron favorables a trasladar todos los estudios a la nueva parcela del Polígono del Ruiseñor, han aceptado mantener en el casco las carreras que se imparten en estos momentos, lo que garantizaría la permanencia en la ciudad de las titulaciones del Aulario Universitario de la calle Cifuentes, y la Escuela Universitaria de Magisterio, mientras que el Ayuntamiento aceptará que toda la expansión universitaria se concentre en el Ruiseñor, en cuyos edificios se cursarán las nuevas titulaciones, y que se completará con un Parque Tecnológico, zonas docentes, deportivas y residenciales.
La cordura ha reinado por esta vez y, aunque con cierta demora, se ha conseguido alcanzar un equilibrio entre los intereses de unos y otros para corregir el bien de la ciudad. Guadalajara no podía permitirse el lujo de renunciar a un proyecto de esta envergadura y tanto la el Gobierno regional como el capitalino como las autoridades universitarias han sabido entender, a su manera, que era el momento de ceder.
La cordura ha reinado por esta vez y, aunque con cierta demora, se ha conseguido alcanzar un equilibrio entre los intereses de unos y otros para corregir el bien de la ciudad. Guadalajara no podía permitirse el lujo de renunciar a un proyecto de esta envergadura y tanto la el Gobierno regional como el capitalino como las autoridades universitarias han sabido entender, a su manera, que era el momento de ceder.