Hasta el 8 de enero de 2017

20/04/2011 - 00:00 Consuelo Sánchez-Vicente

 
   La credibilidad de la Justicia se juega a estas horas en el pañuelo de los cinco días mal contados que median entre la excarcelación y la orden de busca y captura del sanguinario etarra Antón Troitiño. Ninguna consideración por mi parte con él, ni siquiera ese respeto humano que de pequeños nos enseñan que merece cualquier persona solo por serlo, vaya esto por delante. Que Troitiño cumpla hasta el último segundo de la pena que legalmente le corresponde creo que es lo menos que se puede pedir. Pero, también lo más, ojo. También lo más, aunque en comparación con el mal causado parezca poquísimo, porque la venganza no es propia de un Estado de Derecho.
    Aunque sí la Justicia Justicia quiere decir que, en un país que se precie de ser una democracia, como España, de ninguna de las maneras puede estar nadie ni un día más de lo que le corresponda en la cárcel; saltarse este límite nos pondría a la altura de la degradación de ETA. Ahora bien, si esos casi cinco días que este obsceno asesino que todavía no ha dado muestra alguna de arrepentimiento ha respirado libre... son fruto de un error judicial... que con algo más de diligencia - ¿o menos prisa por salir zumbando de vacaciones? - se habría podido evitar, por supuesto que hay que depurar sin tardanza todas las responsabilidades.
   El plazo para que Troitiño cumpla con la Justicia no acaba, recordemos, hasta el 8 de enero de 2017. De corrido El PP cree que la puesta en libertad de ida y vuelta de Troitiño: totalmente imposible de comprender para el común de los mortales por muy buena voluntad que le pongas, es fruto de un error de coordinación, bien entre el Supremo y la Audiencia o bien de la propia Audiencia. Por fortuna, ni siquiera en una Administración de Justicia tan manifiestamente mejorable como la nuestra es frecuente que los mismos jueces que el pasado miércoles le dejaron libre ordenaran a última hora de este lunes detenerle y encarcelarle otra vez "hasta alcanzar los 30 años efectivos" de cumplimiento de condena, en aplicación de la doctrina de una sentencia del Tribunal Supremo sobre otros dos etarras que, al parecer, no llegó a la Audiencia hasta ese mismo día (lunes) por la mañana. Un endiablado embrollo técnico jurídico. Que se aclare y se remedie. Para que no se repita. Cosas así hacen un daño atroz a la necesaria confianza de los ciudadanos en la Justicia. .