Ibarretxe y el ridículo
01/10/2010 - 09:45
El CALENDARIO
Pedro Villalar
El nacionalismo, ya se sabe, no tiene sentido del ridículo, entre otras razones porque, por puro papanatismo, quienes enfatizamos el valor de la persona y desconfiamos de las abstracciones gregarias se lo hemos consentido históricamente. Pero todo tiene sus límites.
Y esos límites han sido traspasados con claridad por el lehendakari Ibarretxe en sus declaraciones tras recibir y abrazar cálidamente al presidente de la Fundación Casa del Tibet en Barcelona: Al igual que el Dalai Lama dice que respeta profundamente a China ha dicho Ibarretxe sin ruborizarse y con gran desparpajo-, yo también respeto a España. Glorioso.
El parangón es, por lo demás, clarividente: ni la historia de ambos territorios se parece lo más mínimo, ni la situación actual de ambos es mínimamente comparable. En suma, en el vistoso encuentro sólo faltó que, en correspondencia al traje tibetano que portaba el visitante, Ibarretxe hubiera acudido a recibirlo vestido con el traje regional. O con atuendo de lagarterana, que es todavía mucho más aparente.
El parangón es, por lo demás, clarividente: ni la historia de ambos territorios se parece lo más mínimo, ni la situación actual de ambos es mínimamente comparable. En suma, en el vistoso encuentro sólo faltó que, en correspondencia al traje tibetano que portaba el visitante, Ibarretxe hubiera acudido a recibirlo vestido con el traje regional. O con atuendo de lagarterana, que es todavía mucho más aparente.