03/05/2019 / 18:03
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

In medium virtus est

De los muchos análisis que se han realizado tras las elecciones, ninguno contradice lo que ya sabíamos todos menos los protagonistas del guión.


Hay una máxima electoral por la cual el partido que acapare desde su espectro ideológico mayor porción del centro -posición que algunos niegan su existencia-, es el que gana unas elecciones. Los edificios tienden a no caerse y el ser humano tiende a no morirse, los partidos tienden al centro como instinto de supervivencia.  

Desde la imagen samaritana de un Pablo Iglesias  pretendidamente constitucionalista, un Pedro Sánchez anti nacionalista sin sacudirse su traje de domingo monclovita , un Albert Rivera en el centro de gravedad permanente promiscuo con sus vecinos más próximos a derechas e izquierdas, un Pablo Casado disfrazado de estadista y con la cabeza más puesta en los números que en la creatividad, y un Santiago Abascal cerrando España con el cerrojo contundente de la Constitución, la puesta en escena parecía más un cuadro de El Bosco que la de una película de Frank Capra, de esas en las que se ensalzaba la grandeza del ser humano entregada a la política. 

Y es que se estrenaba un panorama inédito con un centro derecha fragmentado, por primera vez, en tres partidos. Si la división de la izquierda ante el auge podemita postergó al PSOE a sucesivas derrotas obteniendo sus peores resultados desde la Transición, la pelota ha saltado de tejado y es ahora el PP el que muerde el polvo frente a la irrupción de VOX. En un apártate para ponerme yo finalmente el PP y los de la derecha extrema han terminado ejerciendo papeles bien modestos. 

De los muchos análisis que se han realizado tras las elecciones, ninguno contradice lo que ya sabíamos todos menos los protagonistas del guión. Juntos, ganaban, separados, perdían; así de meridiano. El espejismo de las elecciones andaluzas distorsionó toda lógica y la euforia ficción de VOX condenaba al PP y consolidaba a Sánchez en una nueva legislatura. Literalmente, los votos a los del partido verde (verde en todos los sentidos), han sido correa de transmisión en beneficio del PSOE. 

Hay otra máxima electoral por la cual todos los partidos aparentan ganar -no sé el qué- cuando analizan los resultados. O encuentran excusas para todo con tal de no reconocer sus propios errores. Con las del pasado domingo, todos los partidos salen infravalorados, incluido el ganador. Porque ante su mejor escenario, con la exclusiva de ser el organizador, la estrategia del gota a gota social después de cada consejo de ministros, con una derecha atomizada y su izquierda herida grave por la atonía de su predicador, el obtener sólo 123 diputados no es para estar contento ni alardear de nada. A partir de ahí, Unidas Podemos decepcionó, Ciudadanos no alcanzó su codiciado sorpasso, el PP se hundió y VOX se quedó en el calambrillo en lugar de su deseado multiorgasmo electoral. 

Efectivamente, en mi opinión, perdieron todos en una de las peores campañas que recuerdo, si no la peor. Es posible que nos enfrentemos a una nueva forma de hacer política, que los tiempos han cambiado y que el bipartidismo feneció. Yo no lo creo, ni lo deseo, pues la alternancia en el poder con dos opciones moderadas y con visión global del Estado es más que deseable. Desde aquí, en más de una ocasión he defendido la necesidad de un cambio de la ley electoral que permita una segunda vuelta, o que facilite mayor estabilidad parlamentaria a los principales partidos impidiendo, además, que los minoritarios se conviertan en árbitros con calidad de voto. 

Nuestra provincia ha sido reflejo de lo ocurrido en buena parte de España. Si bien para el Congreso el porcentaje obtenido por Ciudadanos permitió el triple escaño para cada uno de los tres principales partidos, en el Senado se contrasta la inutilidad de una buena porción de votos perdidos por los de Rivera y Abascal en beneficio de los de Sánchez. Con todo, se define claramente cómo el sistema castiga el fraccionamiento de voto. 

En ese viaje al centro de la tierra, Sánchez va a procurar gobernar en solitario. Le alabo el gusto, incluir a ministros de UP en su gobierno escoraría la nave y hay un puerto muy cercano al que llegar. Las próximas elecciones autonómicas y locales, si bien pudieran presentarse como una segunda vuelta, el reparto de la ley electoral es distinto y sus resultados también pueden serlos. Ahora bien, el PSOE sale con ventaja y el PP las afronta con un estigma severo. Todo dependerá de si va a haber efecto rebote o no. La bolita ya rueda. Y aunque ninguno de los líderes lo sepa, Aristóteles ya lo adelantó hace mucho tiempo, el que se acerque al centro será el virtuoso.


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