Incendios, el brazo a torcer
Es un despropósito completo la manera de atajar el gran problema de los incendios en España, uno y otro año.
Quizá soy muy sensible al tema por haber trabajado hace más 40 años en el antiguo ICONA (Instituto para la Conservación de la Naturaleza) y precisamente en la coordinación de Incendios en la oficina principal de Guadalajara. Hijo de forestal, de los de antes, también mi segunda residencia es en un recóndito paraje del Parque Natural del Alto Tajo, donde es conversación habitual el que “como tengamos un incendio alguna vez aquí… no hay quien lo pare”.
No entiendo, como los políticos no dan su brazo a torcer en la forma de atajar este problema. Todos los verdaderamente expertos en el asunto coinciden en la previa necesidad de limpieza de montes, la clave real, pero esto no tiene viso de solución mientras se impida a los lugareños cuidar de su entorno como siempre se ha hecho, cultivando, cortando, recogiendo piñas, echando cabras, y un sinfín de actividades muchas de las cuales ahora están prohibidísimas por motivos absurdos decididos en despachos con aire acondicionado. Los cortafuegos brillan por su ausencia y se han quedado escasos, estrechos y sin la limpieza adecuada, facilitando así la transmisión del fuego, ya sea aéreo o a través de las raíces subterráneas.
La inversión nunca viene mal, sobre todo en áreas de emergencias en general, y esta lo es. Hace falta renovar la flota de los verdaderos y eficaces aviones de lucha contra el fuego (respetando los demás medios aéreos) del que el Ejército dispone en su 43 Grupo del Ejército. Tiene narices que en España haya apenas 14 de los cuales solo la mitad estén operativos. Vaya por delante mi reconocimiento también a los bomberos del tipo que sean y por supuesto a la UME, que habría que potenciar porque al ser militares su disciplina y obediencia, amor a España y trabajo incansable trasciende otras cuestiones mundanas, otros intereses probablemente lícitos,… y su trabajo es garantía de eficacia. Por el contrario y una vez más, las diferentes competencias y sus interpretaciones partidistas juegan a favor del fuego; otra materia que debería escapar a la gestión de las autonomías y depender del Estado central,… como tantas otras cosas.

El primer paso para solucionar cualquier problema es definirlo y acotarlo exactamente, y mientras estos políticos justifiquen todo en el cambio climático (cuya influencia puede que suponga algo pero sin duda insignificante) no pondremos los medios adecuados, ni con pactos de Estado ni sin pactos. No se trata de poner dinero para indemnizaciones que no cubren lo perdido y que además siempre llegan tarde, mal y nunca. Se trata de minimizar el riesgo quitando combustible al monte.
Pero… ¿por qué si todos los expertos coinciden no se cambia la forma de actuar? Sospecho que tiene que ver con que originalmente la idea y reflexión ha venido, por lo que sea, de la derecha política, esa derecha que ve en la Agenda 2030 una pamplina interesada y sin razón profunda de ser, alimentada por el cambio de colores en los mapas meteorológicos para que el color rojo cada vez aparezca antes. Qué triste. Mientras tanto la realidad es que los incendios devoran año tras año nuestro ecosistema, nuestra riqueza, y muchas vidas animales y humanas (unas en el sentido económico y otras más lamentables en el sentido literal). Llegará un momento en que toda España se quemará por completo y apenas habrá ya incendios; ¡y nos venderán que bajan gracias al gobierno!
Por último, porque no quiero perderme en datos que todo el mundo conoce y que son muy manipulables, aparte del cambio de criterio mencionado, de la inversión en material para el verano y el necesario trabajo de invierno, quizá habría que endurecer las penas para los pirómanos de incendios que con el fin que sea provocan voluntariamente buena parte de ellos, e incluyendo la bajada de la edad penal también para estos casos. Pero…eso es otra historia.