03/10/2020 / 12:41
Jesús de Andrés/Guadalajara


Incongruencias y hechos

El pasado día 25 señalé la contradicción que supone que se defienda la educación pública y nos encontremos con centros educativos en los que en una clase hay 42 alumnos.


El pasado día 25 dediqué mi columna Reloj de Sol a criticar las incongruencias que a veces pueden observarse entre la defensa de determinados valores por parte de las instituciones y su plasmación en los hechos. Como asunto menor señalé la contradicción que supone que se defienda la educación pública y nos encontremos con centros educativos, como el Instituto de Cabanillas del Campo, en el que, en segundo de bachillerato, hay una clase con 42 alumnos. Fue una breve mención, en apenas tres frases, en la que comenté una situación que conozco bien por cercanía. Esa parte del artículo circuló a gran velocidad por las redes sociales e, inmediatamente, su directora, Dª María Cruz García Ledo, sin haber leído el artículo completo -tal y como me reconoció un miembro de su equipo directivo-, se lanzó a rebatirlo en dichas redes acusándome de falta de veracidad. Visto el revuelo levantado por su precipitación en la respuesta, le hice llegar mi número de teléfono para explicarle cuanto fuera necesario. Dos días después, sin embargo, publicó en la web de este periódico una carta al director insistiendo en esa falta de precisión y dejando claro que prefiere un debate epistolar público.

En el segundo curso de bachillerato de Ciencias Sociales hay 42 alumnos de los que se saca a 12 al comienzo de la clase. Es una situación denunciada por los padres (que han escrito a la Delegación y al servicio de Inspección) y por los propios estudiantes. No tengo duda alguna de que su intención al sacar a estos alumnos del aula (por razones de distancia que todos comprendemos) fuera bienintencionada, pero puedo darle datos concretos de que en buena parte de las ocasiones han estado desatendidos, sin que funcionen las conexiones telemáticas, no haciendo otra cosa que esperar a que sus compañeros finalicen la clase, como pasó el mismo viernes en que se publicó mi columna. Tanto es así que los padres han elaborado una relación diaria de lo ocurrido en cada clase, la cual, si desconoce la realidad, le puedo hacer llegar gustosamente. En su carta reconoce la directora, y he ahí posiblemente el problema, que para este curso no solicitó los tres grupos de bachillerato del anterior sino que los redujo a dos ya que la matriculación iba más lenta de lo normal. ¿Qué le hizo pensar que se iban a volatilizar los estudiantes del año pasado? Ya sabíamos que este curso iba a ser difícil y nada justificaba pedir una reducción de grupos. Desde la delegación se ha respondido que es el centro el responsable. No se han hecho bien las cosas y detrás de su nerviosismo parece latir su reconocimiento. Por más que se pretendan modificar en cartas y redes sociales, los hechos son tozudos.


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