Inconscientes al volante
01/10/2010 - 09:45
EDITORIALES
En el marco de una política global de acentuar el castigo de los malos comportamientos en materia de seguridad viaria, el jueves, 1 de mayo, entró en vigor la reforma del Código Penal que castiga incluso con penas de cárcel a quienes conducen vehículos de motor sin carné.
Esta reforma afecta al artículo 384 del Código Penal en que se especifica que conducir un vehículo a motor sin haber obtenido nunca permiso o licencia de conducción pasa a tener la consideración de delito, que se castiga con la pena de prisión de 3 a 6 meses o con la de multa de 12 a 24 meses y trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días, aplicándose las mismas penas al conductor que haya sido privado del permiso por pérdida total de los puntos asignados legalmente o por decisión judicial y siga conduciendo. Durante los primeros días de la campaña lanzada por la Dirección General de Tráfico ya se han detectado más de un centenar de casos de conductores que carecían de licencia, de los cuales nueve se localizaron en Guadalajara capital.
Para sorpresa de muchos, los conductores sin papeles al volante es una práctica extendida en España que tiene relación tanto con la vida rural como con los usos de ciertos colectivos sociales, marginales o no, que desprecian los costosos controles de la maquinaria estatal. Un elemental principio de convivencia indica que la sociedad debe dotarse de ciertos mecanismos administrativos para evitar que en asuntos como la conducción de vehículos impere la ley de la selva y que nos podamos encontrar con casos como el detectado en la R-2 donde se localizó a un conductor a más de 200 kilómetros por hora. Parece que solo la dureza de las normas hacen que se reduzca el número de inconscientes al volante.
Las frías estadísticas demuestran que tanto el número de accidentes como el de víctimas se han reducido de forma notable en los últimos años. Por ejemplo, los muertos en carretera en el mes de abril (164) fueron un 23% menos que los del año pasado (215). Estamos, por tanto, en la buena senda, siempre que no se rompa el consenso social.
Para sorpresa de muchos, los conductores sin papeles al volante es una práctica extendida en España que tiene relación tanto con la vida rural como con los usos de ciertos colectivos sociales, marginales o no, que desprecian los costosos controles de la maquinaria estatal. Un elemental principio de convivencia indica que la sociedad debe dotarse de ciertos mecanismos administrativos para evitar que en asuntos como la conducción de vehículos impere la ley de la selva y que nos podamos encontrar con casos como el detectado en la R-2 donde se localizó a un conductor a más de 200 kilómetros por hora. Parece que solo la dureza de las normas hacen que se reduzca el número de inconscientes al volante.
Las frías estadísticas demuestran que tanto el número de accidentes como el de víctimas se han reducido de forma notable en los últimos años. Por ejemplo, los muertos en carretera en el mes de abril (164) fueron un 23% menos que los del año pasado (215). Estamos, por tanto, en la buena senda, siempre que no se rompa el consenso social.