Injusticia y maltrato
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
Jesús Blanco - Periodista
Se cumple hoy jueves una semana del doble crimen de Alovera. Han sido siete días de llanto, de rabia, de dolor, de reflexiones y también de indignación. A medida que hemos ido conociendo detalles del proceso y del infierno que Sylvina ha soportado desde hace 5 años, aumentaba nuestro asombro.
Nos estábamos peligrosamente acostumbrando a los episodios de maltrato y de violencia machista, pero lo que no podemos consentir es que una mujer, además de sufrir los ataques del maltratador, tenga que padecer las injusticias de un sistema que hace aguas por demasiados sitios.
Sobre este caso y sospecho que sobre cientos más hay muchas preguntas que responder y seguro que muchas responsabilidades que depurar. ¿Por qué a un hombre con varias denuncias de maltrato y un quebrantamiento de condena no se le retira el permiso de armas que tiene como militar de profesión?, ¿Por qué sigue trabajando una psicóloga que es capaz de decir ante el juzgado que no se puede hablar de maltrato en el ámbito familiar y que este militar le pareció una persona normal? ¿No sirven para nada las numerosas quejas que acumulaba y sigue informando con tan poco rigor sobre temas en lo que está en juego la vida de las personas? ¿Por qué la juez que llevaba el caso en Torrejón denegó en abril del 2007 el informe psiquiátrico del sargento, pedido por el abogado de Sylvina? ¿Tanto cuesta hacer un informe? La instrucción concluyó en el verano del 2007 y el juez trasladó las actuaciones al fiscal ¿Por qué el fiscal, siete meses después, no dio señales de vida? ¿A qué esperaba?
Creo que va siendo hora de que en este país los jueces dejen de ser intocables. Como cualquier otra persona deben estar expuestos a la crítica y a la sanción si su actuación vulnera las normas. Nos escandaliza un fallo médico, pero también en los fallos del sistema judicial puede estar en juego la vida de una persona, como lamentablemente hemos comprobado en Alovera. Y, lo decía al principio, sospecho que estos fallos son más habituales de lo que parece. Recuerden el caso de la pequeña Mari Luz. Son dos ejemplos que han sonado mucho, pero en el camino y en silencio quedan muchos más que no salen a la luz pública seguramente por la dificultad que el propio sistema pone para investigar. Se podrá argumentar falta de medios, colapso judicial, lo que se quiera, pero esto nunca justifica fallos garrafales como estos dos que he enunciado. Por cierto, si hay tanta carencia de medios porqué no se solicitan con tanta fuerza como se ha reclamado en los últimos dos meses la subida salarial de los funcionarios de justicia. Mari Luz, Sylvina, Andrés y muchas otras víctimas de la injusticia o de los malos tratos, merecen algo más que una explicación.
Sobre este caso y sospecho que sobre cientos más hay muchas preguntas que responder y seguro que muchas responsabilidades que depurar. ¿Por qué a un hombre con varias denuncias de maltrato y un quebrantamiento de condena no se le retira el permiso de armas que tiene como militar de profesión?, ¿Por qué sigue trabajando una psicóloga que es capaz de decir ante el juzgado que no se puede hablar de maltrato en el ámbito familiar y que este militar le pareció una persona normal? ¿No sirven para nada las numerosas quejas que acumulaba y sigue informando con tan poco rigor sobre temas en lo que está en juego la vida de las personas? ¿Por qué la juez que llevaba el caso en Torrejón denegó en abril del 2007 el informe psiquiátrico del sargento, pedido por el abogado de Sylvina? ¿Tanto cuesta hacer un informe? La instrucción concluyó en el verano del 2007 y el juez trasladó las actuaciones al fiscal ¿Por qué el fiscal, siete meses después, no dio señales de vida? ¿A qué esperaba?
Creo que va siendo hora de que en este país los jueces dejen de ser intocables. Como cualquier otra persona deben estar expuestos a la crítica y a la sanción si su actuación vulnera las normas. Nos escandaliza un fallo médico, pero también en los fallos del sistema judicial puede estar en juego la vida de una persona, como lamentablemente hemos comprobado en Alovera. Y, lo decía al principio, sospecho que estos fallos son más habituales de lo que parece. Recuerden el caso de la pequeña Mari Luz. Son dos ejemplos que han sonado mucho, pero en el camino y en silencio quedan muchos más que no salen a la luz pública seguramente por la dificultad que el propio sistema pone para investigar. Se podrá argumentar falta de medios, colapso judicial, lo que se quiera, pero esto nunca justifica fallos garrafales como estos dos que he enunciado. Por cierto, si hay tanta carencia de medios porqué no se solicitan con tanta fuerza como se ha reclamado en los últimos dos meses la subida salarial de los funcionarios de justicia. Mari Luz, Sylvina, Andrés y muchas otras víctimas de la injusticia o de los malos tratos, merecen algo más que una explicación.