JESUCRISTO HA RESUCITADO
01/10/2010 - 09:45
CARTAS AL DIRECTOR
José Sánchez González - Obispo de la Diócesis de Sigüenza Guadalajara
¡Jesucristo ha resucitado! Éste es el mensaje de la Pascua, el mismo que escucharon los primeros discípulos de Jesús, que lo habían visto morir en la Cruz. Creyeron en Él, y conformaron su vida a la de su Señor y Maestro. Jesucristo ha resucitado, es el Evangelio, la Buena Noticia que los primeros testigos y discípulos proclamaron a todo el mundo y terminaron dando la vida por Él.
Jesucristo ha resucitado es el mensaje que seguimos escuchando y creyendo los cristianos de todos los tiempos, especialmente en la Pascua. Es el gran acontecimiento que celebramos en la Vigilia Pascual, en el Domingo de Resurrección, en la Cincuentena Pascual, y en la Eucaristía y en los demás Sacramentos siempre.
Jesucristo ha resucitado constituye el núcleo y centro de nuestra fe, del contenido de la predicación de la Iglesia, de la enseñanza y de la catequesis, la razón última de nuestra vida, el sentido de nuestra muerte y el fundamento y razón de nuestra esperanza.
Creer en Jesucristo Resucitado es más que la aceptación de la resurrección, incluso del acontecimiento de la resurrección del Señor, si ésta aceptación se quedara sólo en el ámbito de las realidades que aceptamos en nuestra vida sin que nos comprometan o impliquen. Significa que aceptamos plenamente y con todas las consecuencias para nuestra vida que Jesús, que fue crucificado y muerto en la Cruz, ha vuelto a la vida, y vive para siempre, triunfando así de la muerte y del pecado de los hombres, causa de su muerte, y abriéndonos con su resurrección el camino de la victoria y de la felicidad definitiva.
Por ser nuestra fe, más que la aceptación de una verdad, expresión de nuestra total e incondicional adhesión a la persona de Jesucristo Muerto y Resucitado, no basta con que confesemos en el Credo esta verdad sobre Jesucristo que fue crucificado, muerto y sepultado y que al tercer día resucitó de entre los muertos y subió a los cielos Es necesario que hagamos vida de nuestra vida esta misteriosa realidad incorporándonos a la suerte de Jesús y que vivamos en consecuencia con esta fe.
Por la fe y el Bautismo, somos incorporados a Cristo en el Misterio de su Muerte y Resurrección. Ello significa que hemos vivido por la fe el proceso de pasar de la muerte a la vida. No porque no tengamos ya que morir, sino porque nuestra nueva vida no está ya marcada y condicionada por el miedo a la muerte ni por el pecado, que es muerte y manifestación de quien está muerto a la vida del Resucitado.
Como consecuencia de esta nuestra Pascua o paso de la muerte a la vida con el Señor, por la fe y el Bautismo, nuestra vida ha de estar marcada por la vida en Cristo Resucitado; es decir por la ausencia de pecado y por una concepción de la muerte como paso obligado a la vida definitiva, a la vida bienaventurada.
Las obras de un cristiano no pueden ser las propias del hombre viejo, al que hemos muerto, o de la carne, que tiende a imponerse sobre el espíritu, como serían el egoísmo, la envidia, la venganza, la gula, la lujuria, la pereza, el afán de poder y de honores En definitiva, la idolatría y la infidelidad. Las obras de un cristiano son las que nacen del Espíritu del Señor, que se nos ha infundido como alma de la nueva vida. De él nacen la fe, la esperanza, el amor, el espíritu de servicio, de entrega, de generosidad, las actitudes de comprensión, de compasión, de perdón, la implicación personal por la verdad, por la libertad, por la justicia, por la paz.
Jesucristo ha resucitado. Resucitemos con Él a una nueva vida.
Jesucristo ha resucitado constituye el núcleo y centro de nuestra fe, del contenido de la predicación de la Iglesia, de la enseñanza y de la catequesis, la razón última de nuestra vida, el sentido de nuestra muerte y el fundamento y razón de nuestra esperanza.
Creer en Jesucristo Resucitado es más que la aceptación de la resurrección, incluso del acontecimiento de la resurrección del Señor, si ésta aceptación se quedara sólo en el ámbito de las realidades que aceptamos en nuestra vida sin que nos comprometan o impliquen. Significa que aceptamos plenamente y con todas las consecuencias para nuestra vida que Jesús, que fue crucificado y muerto en la Cruz, ha vuelto a la vida, y vive para siempre, triunfando así de la muerte y del pecado de los hombres, causa de su muerte, y abriéndonos con su resurrección el camino de la victoria y de la felicidad definitiva.
Por ser nuestra fe, más que la aceptación de una verdad, expresión de nuestra total e incondicional adhesión a la persona de Jesucristo Muerto y Resucitado, no basta con que confesemos en el Credo esta verdad sobre Jesucristo que fue crucificado, muerto y sepultado y que al tercer día resucitó de entre los muertos y subió a los cielos Es necesario que hagamos vida de nuestra vida esta misteriosa realidad incorporándonos a la suerte de Jesús y que vivamos en consecuencia con esta fe.
Por la fe y el Bautismo, somos incorporados a Cristo en el Misterio de su Muerte y Resurrección. Ello significa que hemos vivido por la fe el proceso de pasar de la muerte a la vida. No porque no tengamos ya que morir, sino porque nuestra nueva vida no está ya marcada y condicionada por el miedo a la muerte ni por el pecado, que es muerte y manifestación de quien está muerto a la vida del Resucitado.
Como consecuencia de esta nuestra Pascua o paso de la muerte a la vida con el Señor, por la fe y el Bautismo, nuestra vida ha de estar marcada por la vida en Cristo Resucitado; es decir por la ausencia de pecado y por una concepción de la muerte como paso obligado a la vida definitiva, a la vida bienaventurada.
Las obras de un cristiano no pueden ser las propias del hombre viejo, al que hemos muerto, o de la carne, que tiende a imponerse sobre el espíritu, como serían el egoísmo, la envidia, la venganza, la gula, la lujuria, la pereza, el afán de poder y de honores En definitiva, la idolatría y la infidelidad. Las obras de un cristiano son las que nacen del Espíritu del Señor, que se nos ha infundido como alma de la nueva vida. De él nacen la fe, la esperanza, el amor, el espíritu de servicio, de entrega, de generosidad, las actitudes de comprensión, de compasión, de perdón, la implicación personal por la verdad, por la libertad, por la justicia, por la paz.
Jesucristo ha resucitado. Resucitemos con Él a una nueva vida.