Jornada de reflexión y muerte

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

CARTAS AL DIRECTOR
JESÚS TORRALBA - Secretario provincial de CC OO
El sábado, mientras los ciudadanos y ciudadanas de este país nos recuperábamos de la campaña electoral y nos debatíamos en la duda esistencial entre Rajoy y Zapatero, un trabajador perdía la vida en otro accidente laboral. Era sábado y sin embargo estaba trabajando. Como no tenía que votar, no tenía que reflexionar. Era extranjero. Trabajaba con un tractor cerca de Quer cuando se produjo el accidente que le segó la vida a sus veinte años. Nadie se enteró. Todos estábamos reflexionando. Nos creíamos que el domingo nos jugábamos algo muy importante, pero fue él el que se la jugó.
La historia se repite. Tropezamos una y otra vez en las mismas piedras. No tenía contrato de trabajo. ¿Qué hacía trabajando con un tractor, sin contrato, en sábado mientras los demás reflexionábamos?
Tan concentrados hemos estado en nuestras reflexiones que su muerte ha pasado desapercibida. Tampoco figurará en las estadísticas. Ni una palabra de condena de quienes tienen la responsabilidad de que no haya riesgos en el trabajo. Ni una palabra de condena de quienes tienen la responsabilidad de perseguir el fraude. Sólo silencios cómplices.
País de hipócritas, tierra de caciques donde aún valen más unas monedas que una vida. Gentes sin escrúpulos que pagan con muerte y sufrimiento a quienes vinen a buscarse la vida. Gentes desagradecidas que aún quieren ponerles más trabas. Se la juegan para llegar hasta aquí, se la juegan cada día en su trabajo y aún hay quienes quieren ponerles más policía, más cárceles, más vallas, más obstáculos, más repatriaciones, más papeles, toneladas de papeles que justifiquen su legalidad para después tener que trabajar sin contrato, sin derechos, y morirse como vinieron: jóvenes, pobres, anómimos, clandestinos.
Me canso de tanta denuncia, me canso de tanto dolor, de tantos gritos y lamentos ahogados por el ruido de un falso progreso económico.
Estoy harto del conformismo de una sociedad que se acostumbra a morir en el trabajo. Harto de tantos ojos tapados, de tantas bocas calladas, de tantas miradas hacia otro lado.
Estoy harto de tantas mentiras, de tantas palabras huecas, de tantas cabezas vaciadas de ideas para rellenarlas de intereses. Harto de tanta muerte mientras los demás sólo reflexionamos.