Jóvenes que tienen valores

07/07/2014 - 23:00 Conchita del Moral Herranz

Se oye con frecuencia hablar en son de queja de los jóvenes de ahora, con el mismo estribillo: “¡Ay éstos jóvenes! Juventud, divino tesoro”. Y ¿por qué nos quejamos tanto de ellos? ¿No seremos nosotros los que no los hemos sabido educar bien inculcando en ellos virtudes que son valores humanos en vez de dejarlos hacer a su antojo, desde pequeños, esclavos de sus propios caprichos, para que el niño no eche nada de menos o no coja una llantina, y para que nos deje en paz?. Sabemos por experiencia que ese no es el método; pues luego salen como salen y también sabemos que los mejores educadores de los hijos son los padres y en la familia es donde se forma el carácter. Desde niños y acoplándose a su edad se les va inculcando a distinguir el bien y el mal, lo que es conveniente hacer o evitar, por eso hay que hacerse amigos de ellos, dedicarles tiempo, escucharles con paciencia, comprenderlos y hacerles ver los pro y los contra sin necesidad de sermones, con cariño; sin echarles en cara lo que han hecho mal, delante de los demás.
Hablarles de Dios como un padre que los ama, enseñarles a rezar, darles algún encargo en el hogar y así se sentirán importantes, inculcarles la laboriosidad, la honradez, el respeto a los demás, la reciedumbre, el afán de servicio, la alegría, la cortesía, el saber estar; y cuando alguna vez se equivoquen, animarles a rectificar y que otra vez saldrá mejor. Jóvenes con valores los hay, y muchos que vemos, que no escatiman esfuerzo para sacar un trabajo bien hecho, que se esfuerzan para que otros se lo pasen bien, que sonríen y si les pides un favor, no dudan en hacerlo, que saben ceder su asiento en un tranvía cuándo ven que hay una persona mayor de pie.
Hace unos días me contaba una amiga que al coger el metro le dijo a su niña de 8 años: “si ves una persona mayor que entra en el metro y no tiene asiento, se lo cedes tú”,–claro mamá–, contestó la cría. En la próxima estación entró un matrimonio, se levantó y le dice a la mamá: “no sé cual es el mayor, ¿a quién tengo que dejarle el sitio?”. Y acabo con una frase de C.S.Lewis: “Nos reímos del honor y nos extrañamos de ver traidores entre nosotros. Hacemos hombres sin corazón y esperamos de ellos virtud e iniciativa”.