11/07/2020 / 12:44
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

La antigua Selectividad

 El problema de fondo es si esta evaluación es la forma más correcta, adecuada o justa para valorar la capacidad del aspirante a universitario.


Con más calor que el habitual, en fechas que alteran en mayor grado las ya extrañas vacaciones familiares de un año peculiar y protocolos especiales por la anormal normalidad impuesta por el virus con el que convivimos, se ha celebrado a lo largo de toda esta semana- cuatro días en lugar de tres por igual motivo- las pruebas ahora llamadas de EVAU y toda la vida conocidas como la Selectividad. Sea en primer lugar nuestro deseo que las calificaciones que se conocerán el 16 de julio sean las deseadas por los alumnos que se han sometido a las pruebas y felicitar a los responsables de la Universidad por el buen desarrollo de las mismas en estas condiciones excepcionales. 

  Las imágenes nos recuerdan aquel momento que en 1990 nos tocó pasar con bastantes nervios por ser cierto aquello que alguien añadió al epitafio  “Aquí yace el que nunca tembló” de “porque no se examinó”. El problema de fondo es si esta evaluación es la forma más correcta, adecuada o justa para valorar la capacidad del aspirante a universitario. A nosotros siempre nos pareció que la nota media obtenida después de cuatro años de instituto es más ajustada a la realidad de la cualificación de un alumno que el resultado de una carrera de saltos en los que la suerte con los temas, la concentración del instante o ese factor nervioso pueden condicionar el resultado. Nunca entendimos que cuatro años tuviesen similar valor a dos días y siempre entendimos que esa calificación debería ser suficiente para acceder a la Universidad y pasar los cortes necesarios. Otro tema es que la facultad en cuestión, dentro de su autonomía, pudiese optar por hacer algún tipo de prueba de acceso para contar con la excelencia en sus aulas o por no poder atender con su limitada oferta un exceso de demanda. Ahora bien ésta es la opinión de una simple víctima del suplicio de aquellos días en el Luis de Lucena, felizmente superados y que no evitaron realizar los estudios pensados, pues doctores tiene la enseñanza y la verdad es que aun habiéndose debatido se ha llegado a esta conclusión sin rechazo manifiesto  de la comunidad educativa por lo que posiblemente sea  la mejor fórmula posible. 


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