12/04/2011 / 00:00
Rafael Martínez Simancas


La hora de la Cenicienta


 
Una cosa es recomendar prudencia en cuaresma (época de reflexión y recogimiento) y otra es aplicar electrodos sobre la espalda húmeda del contribuyente. Sugiere el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, que hay otras maneras mejores de dejar una herencia que no sea un piso. Sin duda que las palabras bienintencionadas de Campa son para la salvación de nuestras almas consumistas y pecadoras, pero en la adoración del ladrillo se ha basado esta nueva religión del crecimiento español. A través de publicidad de los bancos, nunca desmentida por los sucesivos gobiernos, se nos hizo ver que la felicidad estaba en adquirir una vivienda en propiedad. Se nos contó que por el precio de un alquiler podías ser propietario y se nos indujo a la creencia de que el alquiler era una manera de tirar el dinero porque la hipoteca sí que era ahorro solvente a largo plazo. Teníamos que ser propietarios de lo que hiciera falta, aunque fuera de una multipropiedad debajo de un puente.
   Las palabras del secretario de Estado desmontan el cuento de hadas español. Campa adelanta la medianoche en el reloj de Cenicienta ahora que más de uno no puede hacer otra cosa que enfrentarse al pago de su hipoteca. Sólo mi banco confía en que viva tantos años para hacer frente a la deuda del ladrillo que he contraído con él (¡y es tan detallistas que me ha buscado una póliza por si la espicho antes de tiempo!, de esa manera sólo tendrá que llorar mi viuda porque ellos cobrarán la parte que falta por pagar). Bien es verdad que el señor Campa, o cuantos secretarios de Estado le precedieron, tuvieron tiempo de alertar acerca de este tsunami hipotecario que ha provocado que trescientas mil familias tengan que devolver las llaves al banco pero aún continúen pagando la deuda. Me refiero a aquellos tiempos en los que los ratones fueron corceles y las calabazas carrozas. La cifra es provisional porque hay quien la eleva a quinientos mil.
   Decir ahora que el ladrillo no es la mejor de las herencias quizá llegue tarde, en este punto Campa ha dado el "campanazo". El hipotecado español es una especie que se extiende desde las planicies de los adosados kilométricamente alineados para la fotografía de la Fase I de la urbanización, hasta alcanzar las más altas cimas de la propiedad horizontal en áticos y buhardillas. El hipotecado ve amenazado su hábitat como los campos de margaritas cuándo escuchan llegar a una excavadora. Bien es verdad que a nadie le obligan a creer en un cuento y que ilusos fuimos al pensar que el traje de Cenicienta sería eterno. Siempre nos quedará el zapato de cristal, o en su defecto la llave del buzón para ponerla en un cuadro.
 
 
 
  
  
  
  
  
    
    
  
 
 
  
 
  

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