La incultura en la retirada de símbolos religiosos
01/10/2010 - 09:45
CARTAS AL DIRECTOR
Joaquín García Guadalajara
Leo un artículo actual y oportuno de Alejandro González-Varas Ibáñez, Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza (www.aragonliberadl.es) , que asumo totalmente.
Lo titula Santiago Apóstol, Patrón de españa .´Con gran claridad en su mente, expresa:
Parece manifiesto que los símbolos religiosos, como pueden ser una cruz, o una imagen de la Virgen, forman parte del paisaje de nuestras ciudades y campos. En un país como el nuestro no puede extrañar que suceda así como consecuencia de nuestra historia y, por qué no decirlo, de las creencias que en la actualidad comparten varios millones de españoles. Algunos de los lugares donde se pueden contemplar estos símbolos son dependencias de instituciones públicas. Para una buena parte de la población eso no significa que estemos en un Estado confesional o que se produzcan discriminaciones religiosas. Es, sin mayores complicaciones, algo que siempre ha sido así, que no perjudica a nadie, y que nos recuerda un elemento de nuestra cultura. Sin embargo, es también cierto que algunos ciudadanos no comparten este planteamiento e incluso han reclamado la supresión de estos signos de los espacios públicos.
Cerca de nosotros tanto en el tiempo -25 de abril- como en el espacio -salón de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza- encontramos que un grupo político presentó una moción solicitando la remoción del crucifijo que preside ese lugar. En la votación plenaria obtuvo clara mayoría de votos su permanencia. Como bien explicaba el Alcalde, se trata de una obra de arte que lleva en este lugar desde el siglo XVIII, y no ofende a nadie, por lo que su presencia está asegurada. Es una respuesta que entronca perfectamente con las soluciones ofrecidas en otros países de nuestro entorno ante casos paralelos. De este modo, tanto el Tribunal Constitucional Federal alemán como el Consejo de Estado y varios tribunales de Italia, han entendido que los crucifijos pueden permanecer en las escuelas porque, aparte de su valor religioso, se trata de un símbolo de la historia y de la cultura de cada uno de estos países. Por ello su presencia no compromete en modo alguno la neutralidad de los centros de enseñanza públicos.
Parece manifiesto que los símbolos religiosos, como pueden ser una cruz, o una imagen de la Virgen, forman parte del paisaje de nuestras ciudades y campos. En un país como el nuestro no puede extrañar que suceda así como consecuencia de nuestra historia y, por qué no decirlo, de las creencias que en la actualidad comparten varios millones de españoles. Algunos de los lugares donde se pueden contemplar estos símbolos son dependencias de instituciones públicas. Para una buena parte de la población eso no significa que estemos en un Estado confesional o que se produzcan discriminaciones religiosas. Es, sin mayores complicaciones, algo que siempre ha sido así, que no perjudica a nadie, y que nos recuerda un elemento de nuestra cultura. Sin embargo, es también cierto que algunos ciudadanos no comparten este planteamiento e incluso han reclamado la supresión de estos signos de los espacios públicos.
Cerca de nosotros tanto en el tiempo -25 de abril- como en el espacio -salón de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza- encontramos que un grupo político presentó una moción solicitando la remoción del crucifijo que preside ese lugar. En la votación plenaria obtuvo clara mayoría de votos su permanencia. Como bien explicaba el Alcalde, se trata de una obra de arte que lleva en este lugar desde el siglo XVIII, y no ofende a nadie, por lo que su presencia está asegurada. Es una respuesta que entronca perfectamente con las soluciones ofrecidas en otros países de nuestro entorno ante casos paralelos. De este modo, tanto el Tribunal Constitucional Federal alemán como el Consejo de Estado y varios tribunales de Italia, han entendido que los crucifijos pueden permanecer en las escuelas porque, aparte de su valor religioso, se trata de un símbolo de la historia y de la cultura de cada uno de estos países. Por ello su presencia no compromete en modo alguno la neutralidad de los centros de enseñanza públicos.