La invasión de los ladrones de cuerpos

18/07/2026 - 13:15 Jesús de Andrés

Jugará España una nueva final del mundial dieciséis años después. Con profesionalidad y desparpajo a partes iguales, tal como entonces, de forma casi natural. Los jugadores de la selección española apenas eran unos niños de seis, ocho o diez años cuando Casillas levantó la copa.

 Todo parece igual y, sin embargo, cuántos cambios en todo este tiempo. En aquel 2010 éramos 1.500 millones de personas menos en el planeta, no existía TikTok, Zapatero presidía el gobierno, vivíamos en un mundo globalizado, más optimista, nada que ver con el nacionalismo hoy imperante. En este tiempo se sucedieron las primaveras árabes, el Brexit, la pandemia, el auge de los populismos… Las cosas han cambiado, y mucho.

Dirijo estos días en un curso de verano sobre el 35º aniversario de la caída de la URSS. Aunque no he dejado de seguir lo ocurrido en Rusia y el espacio exsoviético en estos años -al contrario, sigo muy de cerca los acontecimientos, en particular la guerra en Ucrania-, la gestión universitaria me ha impedido participar muchas veces en este tipo de eventos académicos, de compartir con otros colegas pupitre y mesa. Me asombra negativamente el giro que algunos han experimentado en los últimos años, pasando de posturas democráticas, defensoras de los principios básicos del liberalismo, a disculpar lo que no tiene justificación alguna. La misma catedrática que hace apenas siete años alertaba sobre los riesgos del primer mandato de Trump para la Unión Europea en otro curso de verano sobre geopolítica, expele ahora un discurso que disculpa el genocidio ruso, simplifica comprensivamente las motivaciones de Putin y despersonaliza a las víctimas del horror generado por la invasión de Ucrania. Es tal la desproporción, son tales las simplificaciones que escapan a la reflexión académica, al más elemental rigor, que por un momento pienso que no puede ser ella, que debe haber sido abducida, que debe ser un duplicado extraído de una vaina, como en aquella vieja película que da título a esta columna, que han absorbido su mente y eliminado sus emociones.

Putin ha invadido un país, ha movido fronteras, ha asesinado a miles y miles de civiles y tiene una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por ser responsable, entre otros crímenes de guerra, de la deportación ilegal y el traslado forzoso a Rusia de veinte mil niños ucranianos. Pero todo se justifica por la “amenaza” de la OTAN, que pretendía acercarse a sus fronteras. Casi me alegraría saber que está comprada, que hay un motivo espurio que explique la pérdida de la ética más elemental. Qué pena.