La Ley de Dependencia, de color bien pero no flota
01/10/2010 - 09:45
María Crespo - Diputada regional del PP
Cuando hace más de un año de la puesta en marcha de la Ley de Dependencia aparecen múltiples voces que reclaman lo que en justicia se les prometió.
El gobierno central, en un alarde de falsa generosidad, anunció que iba a construir el cuarto pilar del Estado de Bienestar y prometió el oro y el moro, sin tener en cuenta el número exacto de beneficiarios y, lo que es peor, sin considerar que la solidaridad interregional había que garantizarla. Porque aunque le pese a Zapatero, España es una y, al igual que en las balanzas fiscales, hay que garantizar que no haya españoles de primera y de segunda. Y en el caso de la dependencia, esto nos importa mucho a quienes vivimos en regiones de tercera, como es Castilla la Mancha.
Presionado, como siempre, por fuerzas nacionalistas, costó más de un año poner de acuerdo a los jefes de las autonomías. De forma paradójica, al igual que en el caso de la justicia, la mayoría de los presidentes autonómicos no tienen excesivo interés en que se les lance esta patata caliente, para que con sus recursos atiendan a los dependientes.
Caldera propuso a las Comunidades autónomas que cofinanciaran el 50% de las prestaciones, sin tener en cuenta que las Comunidades tienen realidades diferentes, necesidades distintas, presupuestos dispares y, sobre todo, prioridades que no tienen nada que ver.
Y así se lo pagó Zapatero, claro. Le dijo que después de haber formado semejante lío, lo mejor era encomendarle una fundación sin cometido concreto y sin objetivos claros, pero que, como la Ley de Dependencia, suena bien, aunque esté hueco.
Siguiendo la típica política de vender todo, y en este caso, de vender la piel antes de cazar al lobo, se gastó el gobierno central diez millones de euros en publicitar la Ley de Dependencia, lo que supuso la cuarta campaña de publicidad más cara de España. Diez millones de euros en publicidad frente a los 800 que destinaron para cubrir todas las necesidades de los dependientes españoles.
Algunas comunidades consideraron que esta cantidad era insignificante y por eso Madrid puso encima de la mesa 700 millones para atender a sus dependientes en 2007 y Valencia 300 para el mismo cometido. En Castilla la Mancha, como somos pobres, sólo hizo falta destinar 42.
Se están frustrando las expectativas de la gente muy necesitada y si la generación de ilusiones vacías, por parte de un político siempre es una inmoralidad, especialmente indecente es que se juegue con las pretensiones de quienes dieron todo cuando eran jóvenes y de aquellos por sus especiales circunstancias físicas o psíquicas, carecen de igualdad de oportunidades.
Y ahondando en las incongruencias de este PSOE latino, lo que es para morirse es la doble moral con la que viven y pretenden que nos lo creamos.
Mientras proponen una ley de laicidad en la que, so capa de pluralidad y diversidad religiosa, lo que buscan es arrinconar a la Iglesia católica, porque la libertad religiosa está garantizada constitucionalmente, van de procesión y si es el Corpus, mejor porque así les ve más gente.
El alcalde de Toledo, socialista, como todos, del mismo partido que Zapatero y su vicepresidenta, artífice de la Ley de pluralidad religiosa, propone que la fiesta del Corpus sea de interés turístico nacional. Y yo me pregunto si el señor García-Page sabe el sentido del Corpus Christi que, como dice el refrán popular es uno de los tres jueves que luce más que el sol, no porque se le llene Toledo de gente y gasten mucho dinero en su ciudad, sino porque es la única vez del año en la que todo un Dios sale por las calles, no para que a la Consejera de turno se le vea el vestido de lagarterana, sino para que los españoles puedan rezarle y venerarle. También los de la laicidad. En la vida es importante, aunque no se lleve en esta sociedad de locos en la que vivimos, ser de una pieza, es decir, tener unidad de vida, vivir como uno piensa porque si no, uno acaba pensando como vive. Y en el caso de estos socialistas de Castilla la Mancha, a mí, esa forma de vida no me gusta.
Presionado, como siempre, por fuerzas nacionalistas, costó más de un año poner de acuerdo a los jefes de las autonomías. De forma paradójica, al igual que en el caso de la justicia, la mayoría de los presidentes autonómicos no tienen excesivo interés en que se les lance esta patata caliente, para que con sus recursos atiendan a los dependientes.
Caldera propuso a las Comunidades autónomas que cofinanciaran el 50% de las prestaciones, sin tener en cuenta que las Comunidades tienen realidades diferentes, necesidades distintas, presupuestos dispares y, sobre todo, prioridades que no tienen nada que ver.
Y así se lo pagó Zapatero, claro. Le dijo que después de haber formado semejante lío, lo mejor era encomendarle una fundación sin cometido concreto y sin objetivos claros, pero que, como la Ley de Dependencia, suena bien, aunque esté hueco.
Siguiendo la típica política de vender todo, y en este caso, de vender la piel antes de cazar al lobo, se gastó el gobierno central diez millones de euros en publicitar la Ley de Dependencia, lo que supuso la cuarta campaña de publicidad más cara de España. Diez millones de euros en publicidad frente a los 800 que destinaron para cubrir todas las necesidades de los dependientes españoles.
Algunas comunidades consideraron que esta cantidad era insignificante y por eso Madrid puso encima de la mesa 700 millones para atender a sus dependientes en 2007 y Valencia 300 para el mismo cometido. En Castilla la Mancha, como somos pobres, sólo hizo falta destinar 42.
Se están frustrando las expectativas de la gente muy necesitada y si la generación de ilusiones vacías, por parte de un político siempre es una inmoralidad, especialmente indecente es que se juegue con las pretensiones de quienes dieron todo cuando eran jóvenes y de aquellos por sus especiales circunstancias físicas o psíquicas, carecen de igualdad de oportunidades.
Y ahondando en las incongruencias de este PSOE latino, lo que es para morirse es la doble moral con la que viven y pretenden que nos lo creamos.
Mientras proponen una ley de laicidad en la que, so capa de pluralidad y diversidad religiosa, lo que buscan es arrinconar a la Iglesia católica, porque la libertad religiosa está garantizada constitucionalmente, van de procesión y si es el Corpus, mejor porque así les ve más gente.
El alcalde de Toledo, socialista, como todos, del mismo partido que Zapatero y su vicepresidenta, artífice de la Ley de pluralidad religiosa, propone que la fiesta del Corpus sea de interés turístico nacional. Y yo me pregunto si el señor García-Page sabe el sentido del Corpus Christi que, como dice el refrán popular es uno de los tres jueves que luce más que el sol, no porque se le llene Toledo de gente y gasten mucho dinero en su ciudad, sino porque es la única vez del año en la que todo un Dios sale por las calles, no para que a la Consejera de turno se le vea el vestido de lagarterana, sino para que los españoles puedan rezarle y venerarle. También los de la laicidad. En la vida es importante, aunque no se lleve en esta sociedad de locos en la que vivimos, ser de una pieza, es decir, tener unidad de vida, vivir como uno piensa porque si no, uno acaba pensando como vive. Y en el caso de estos socialistas de Castilla la Mancha, a mí, esa forma de vida no me gusta.