La moral de Zapatero
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
TEODORO ALONSO
En medio del ruido y la furia de la campaña electoral que cansa y asquea a mucha gente, aún quedan a veces ganas de averiguar cual es el fondo y el enigma de los líderes que la protagonizan. Con alguna prevención fui al mitin de Zapatero en Guadalajara en el que se confirmaron los previsibles augurios: un ambiente de entusiasmo y exaltación emocional.
Música, fanfarrias, imágenes y banderas caldeaban el ambiente. Los candidatos por la provincia hicieron de teloneros, deshaciéndose en halagos y elogios al líder y asegurando que el triunfo era seguro, sin parar mientes en sus recientes fracasos. Todo un tinglado para la autocomplacencia de la militancia, penoso visto con distanciamiento.
Pero en eso llegó ZP que al principio me pareció dedicarse a caldear aun mas el ambiente, pero en cierto momento comenzó a llegarme un mensaje diferente: Este hombre no sólo quiere ganar votos y estar con los suyos, tiene unos ideales y propuestas que son los que alientan por debajo de toda la hojarasca. Lo anima no tanto el afán por el poder como la pasión por realizar unos valores: de regeneración democrática, de compasión por los más débiles, de igualdad y justicia, de respeto y confianza en el diálogo y en la gente. Aludió al cumplimiento de la palabra y el respeto por el adversario como guías, sin mentir ni meter miedo, a la confianza en que el mejor argumento puede llegar a convencer y triunfar. Pensé que la retórica era el envoltorio, pero que dentro había una moral, unos valores y preferencias que son el resorte de la acción y del atractivo de este hombre. Las palabras pueden sonar como gastadas y vacías, pero la música me pareció auténtica.
Con todas las cautelas, este mensaje me recuerda a la mejor tradición socialista y su impulso ético, a la Institución Libre de Enseñanza y su afán regenerador, y se puede asociar con el mensaje evangélico de la compasión, o con el espíritu quijotesco de afán por la justicia y resistencia ante los agravios. Ahí radica para mi el enigma y el atractivo del personaje.
ZP, con todas sus limitaciones, enlaza con una honda tradición moral de raigambre española y universal. Podemos darle una oportunidad con una segunda salida a los caminos, como la que le concedió Cervantes a don Quijote o quedarnos con el sentido común y las ideas claras de, barberos curas y bachilleres en la aldea. A los que se espantan con las locuras de los quijotes, sepan que el diálogo continuo entre señor Zapatero y su escudero Solves, pudiera ser garantía de cervantino equilibrio.
Pero en eso llegó ZP que al principio me pareció dedicarse a caldear aun mas el ambiente, pero en cierto momento comenzó a llegarme un mensaje diferente: Este hombre no sólo quiere ganar votos y estar con los suyos, tiene unos ideales y propuestas que son los que alientan por debajo de toda la hojarasca. Lo anima no tanto el afán por el poder como la pasión por realizar unos valores: de regeneración democrática, de compasión por los más débiles, de igualdad y justicia, de respeto y confianza en el diálogo y en la gente. Aludió al cumplimiento de la palabra y el respeto por el adversario como guías, sin mentir ni meter miedo, a la confianza en que el mejor argumento puede llegar a convencer y triunfar. Pensé que la retórica era el envoltorio, pero que dentro había una moral, unos valores y preferencias que son el resorte de la acción y del atractivo de este hombre. Las palabras pueden sonar como gastadas y vacías, pero la música me pareció auténtica.
Con todas las cautelas, este mensaje me recuerda a la mejor tradición socialista y su impulso ético, a la Institución Libre de Enseñanza y su afán regenerador, y se puede asociar con el mensaje evangélico de la compasión, o con el espíritu quijotesco de afán por la justicia y resistencia ante los agravios. Ahí radica para mi el enigma y el atractivo del personaje.
ZP, con todas sus limitaciones, enlaza con una honda tradición moral de raigambre española y universal. Podemos darle una oportunidad con una segunda salida a los caminos, como la que le concedió Cervantes a don Quijote o quedarnos con el sentido común y las ideas claras de, barberos curas y bachilleres en la aldea. A los que se espantan con las locuras de los quijotes, sepan que el diálogo continuo entre señor Zapatero y su escudero Solves, pudiera ser garantía de cervantino equilibrio.