LA NUEVA TAJADA DEL AGUA

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

CARTAS AL DIRECTOR
José Antonio López-Palacios - Secretario de Organización y Responsable de Medio Ambiente de Izquierda Unida de Guadalajara
Vuelve a resultar sorprendente, y de nuevo escandaloso, la utilización de palabras-llave para enmascarar conceptos que, estando claros en el inconsciente colectivo de los españoles bienpensantes, tratan de desviar la atención de los problemas reales que las palabras definen.
Y es que, para no hablar “del mar y los peces”, que nos podría llevar años de discusiones “bizantinas” sobre el tema, habría que empezar por definir qué es un trasvase. O más bien qué entendemos cada uno de nosotros por trasvase. Y también cómo se hacen, o cómo se deberían de hacer.
Para Izquierda Unida, trasvasar agua de un lugar a otro sólo es aceptable cuando sirva para resolver problemas puntuales, y no estructurales, relacionados con la falta de “agua de boca” en algún determinado lugar de la Península o, ya puestos, del mundo entero. Pero no estamos en eso. Los trasvases actuales no sirven para lo que dicen que sirven. El coste de las obras de estos proyectos no justifican el fin para el que presumiblemente se diseñan y así, nos vemos abocamos a un escenario perverso en el que “parece” que quienes nos oponemos a los trasvases, ya sean “minis” o “maxis” somos una pandilla de insolidarios caprichosos, que negamos el agua para beber a nuestros compatriotas murcianos, alicantinos o catalanes, sin ofrecer ninguna solución o alternativa que les ayude a “paliar su sed” y dejando además que el agua “se pierda en el mar”. ¡¡Manda huevos, que diría aquel!!. Nada más lejos de la realidad.
Veamos: Izquierda Unida no se opone a que se “trasvase” agua en cisternas, a muchos municipios ribereños que año tras año deben beber el agua que les aportan los camiones de la Diputación provincial porque las infraestructuras hidráulicas de la provincia de Guadalajara, aún hoy, son manifiestamente insuficientes. Es trasvasar agua, pero no nos oponemos. No nos oponemos pero sí denunciamos las políticas de parche permanente a la que nos tienen acostumbrados los gestores del agua en Castilla-La Mancha. ¿A cuántos municipios de Guadalajara debemos trasvasar agua año tras año, verano tras verano, ya que las obras necesarias para acabar con este problema no terminan nunca?
Izquierda Unida no se opone a que se trasvase agua en barco, de la desaladora de Carboneras, o de cualquier otra, hacia Mallorca o hacia Barcelona. El precio de esta opción resulta menor que el coste de la obra que ahora se pretende hacer desde el Ebro a Barcelona. Porque vamos a ver: Una obra que costará 180 millones de euros para un envío de 40 hectómetros cúbicos que deberán recorrer 60 kilómetros junto a la autovía P-7, ¿Alguien en su sano juicio piensa que este trasvase, por muy “mini” que sea, va a ser “temporal”? Ni los más inocentes y conspicuos españolitos subidos a todos los guindos del Valle del Jerte nos lo vamos a creer. El nuevo trasvase proyectado ahora, y por lo que sabemos, impuesto por el PSOE desde el Gobierno de España, es un trasvase en toda regla, por muy “mini” que nos lo quieran vender.
Izquierda Unida tampoco se opone a que se trasvasen esos 40 hectómetros de agua del Segre a Barcelona a través de una tubería de plástico que se retiraría después. ¿Por qué pues no se elige esta opción que fue la que ofrecieron nuestros socios de Iniciativa por Cataluña? Pues porque el negocio de quienes están detrás de este trasvase, que no son otros más que Aguas de Barcelona (AGBAR) y quienes controlan el peaje de la Autovía (ACCIONA) por la que discurrirá enterrada (o sea nada provisional) la tubería, no están dispuestos a perder la nueva “tajada” del agua que se abre ahora en la zona urbana de Barcelona y, quien sabe si en un futuro no muy lejano, en toda Cataluña. Izquierda Unida sabe que un recurso como el agua debe gestionarse en función de la demanda, porque cuando se abren expectativas de oferta ilimitada surgen siempre problemas estructurales a medio plazo. Gestionar en función de la oferta significa no entender la fragilidad del recurso agua, y provoca además de problemas ecológicos en las cuencas cedentes, enfrentamientos cainitas entre comunidades autónomas y una especie de “psicosis colectiva” que se justifica en términos de “mi agua es mía y nada más que mía”. Estamos viviendo un nuevo capítulo del problema endémico del agua en España. En el acto que se representa hoy pretenden retorcer el tema y dar una vuelta de tuerca más, apelando a la necesidad de agua que tienen los barceloneses para no tener restricciones en otoño. Un nuevo parche que se agrietará, como la presa de Tous, más pronto que tarde. Pero lo peor de todo, y por si no fuera suficiente, es que nos encontramos ante una nueva estrategia de privatización de los recursos públicos. Una “Nueva Tajada Del Agua” que viene a sustituir a la Nueva Cultura del Agua que apenas ha durado un par de legislaturas. Descanse en paz el programa AGUA. Y con él las esperanzas de los bienaventurados subidos al guindo, que creían que un Gobierno mayoritario del PSOE pondría las cosas en su sitio, el agua en sus cuencas, las viviendas asequibles y los servicios públicos al alcance de todos.