12/07/2019 / 13:13
Fernando Almansa


Imagenes

La palmatoria

Cada gota de cera que aún hoy queda en esta vieja palmatoria, tuvo un significado para la mujer que la poseyó.


Encontré una vieja palmatoria de madera, tirada junto a otros “trastos inútiles” a las afueras del pueblo.

Es una palmatoria rústica, con un pequeño asidero, donde se leen unas iniciales. Todo de una pieza, una simple tabla. Está llena de cera, de gotas superpuestas de, ¡sabe Dios, cuántas velas quemadas sobre ella!.

Recuerdo de niño, las mujeres sentadas en los bancos delanteros de la iglesia; a la derecha se abría una nave lateral, con una capilla. Las mujeres con un ojo miraban al altar, con el otro a sus respectivas palmatorias, con sus velas de culebrilla, enrolladas sobre ellas, consumiéndose a gran velocidad, dejando caer sobre la tabla gotas incesantes de cera fundida. Había que estar atentas, pues cada dos por tres, había que levantarse, en realidad sin alzar el cuerpo, en un movimiento casi en cuclillas, y acercarse al velorio, coger la palmatoria de su propiedad y darle un giro rápido, para desenrollar una vuelta más de la culebrilla luminaria. Y así toda la misa. Y así toda la vida,…

Cada gota de cera que aún hoy queda en esta vieja palmatoria, tuvo un significado para la mujer que la poseyó. 

Quizá unas gotas fueron por aquel familiar enfermo por quien se ofreció la vela, otras podrían ser por el ruego de una buena cosecha, o que mejorara la oveja enferma, o por el hijo que fue a la “mili”, o para que la trilla se diera bien. Gotas de cera, peticiones a un dios que se conforma con cera, para resolver nuestros problemas. Gotas de cera, lágrimas de mujer, anhelos de vida, y desesperación contenida en rituales de cera y llama.

Hoy en la iglesia del pueblo sigue el mismo espacio, done antaño, las mujeres giraban y giraban las palmatorias, mientras los hombres no paraban de cuchichear en los asientos traseros; pero hoy las velas de culebrilla y sus palmatorias han desaparecido, en su lugar hay un lampadario eléctrico, que traga monedas y alegra a las compañías eléctricas, cada vez que una mujer encomienda sus causas a la máquina que enciende velas falsas, a dioses de escayola.

Las gotas de cera de la vieja palmatoria, son como lágrimas congeladas en el tiempo, de un mundo que ya no existe, pero existió. 

Yo hoy dejo caer mis lágrimas sobre la palmatoria, pidiendo a Dios, por el fin de las guerras, las violaciones de los derechos humanos en tantas partes del planeta, la violencia que mata, y los odios cotidianos que hacen que la sociedad no avance en justicia y paz. Yo hoy recojo las gotas de cera de la palmatoria, y vuelvo a ofrecérselas sin llama a Dios, uniéndome al pasado, y recordando que cada gota fue una petición de ayuda divina, que hoy como siempre, nuestra maltrecha humanidad y el planeta en que vivimos, necesita urgentemente.


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