15/12/2010 / 00:00
Antonio Casado


La prórroga


 
El devenir de los acontecimientos vinculados a la crisis de los controladores aéreos ha venido a devaluar el pleno extraordinario de este jueves en el Congreso de los Diputados, en el que la Cámara Baja otorgará al Ejecutivo la consabida autorización para que el Consejo de Ministros del viernes decrete la prórroga del estado de alarma inicialmente declarado el sábado, día 4 de diciembre. Antes de agotarse el preceptivo plazo legal de quince días de vigencia, el Gobierno entiende que debe prorrogarlo para garantizar el normal funcionamiento del tráfico aéreo durante las fechas navideñas. Hasta el 15 de enero. Supone, entre otras cosas, que AENA solo contará con la segunda quincena de enero para llegar a un acuerdo con los controladores respecto a un nuevo convenio colectivo. Si se logra, el nuevo convenio tendrá que ajustarse a la normativa legal que a lo largo de 2010 (la ley de abril y varios decretos más) ha venido derogando los privilegios conquistados por estos profesionales en su convenio de 1999, sucesivamente prorrogado hasta su denuncia por la empresa al terminar el año 2004. Desde entonces no ha habido manera de firmar uno nuevo por los continuos enfrentamientos entre las partes. No solo con AENA. También con el Gobierno. No se puede olvidar que estamos hablando de un servicio público esencial. El Gobierno, por tanto, está obligado a garantizar su prestación. He ahí la clave política de la crisis. La que explica por qué un Gobierno decreta el estado de alarma para desactivar lo que originalmente era un conflicto laboral. Ya no lo es. No lo es desde el momento en que los propios controladores desbordan ese ámbito no con una huelga, a la que tienen derecho, sino con el deliberado, calculado y masivo boicot a un servicio público esencial. Y eso también explica que el asunto esté ahora en el Congreso de los Diputados, que respaldará este jueves con toda seguridad la decisión gubernamental de alargar el estado de alarma hasta el 15 de enero. De esta decisión cuelgan tres objeciones. Una, el carácter preventivo de la misma, puesto que en estos momentos la normalidad es completa en el tráfico aéreo aunque sea forzada por la militarización. Dos, el escaso interés mostrado por el Gobierno en procurarse la complicidad del principal partido de la oposición. Y tres, la ausencia del presidente, Rodríguez Zapatero, en la defensa de la prórroga ante la Cámara. Comparto las dos primeras. No la tercera, aunque también contribuya a devaluar la sesión. Acusan a Zapatero de no dar la cara por miedo. Es como acusar al Zaragoza, que va el último en la Liga, de no querer salir al campo por miedo a sufrir la enésima derrota.  

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