La rebeldía de Greenpace

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Fernando Almansa - Periodista
Greenpeace, es una de las organizaciones de activistas más comprometida con la protección medioambiental y la lucha contra el armamento, en el mundo.
Sus activistas no dudan en desarrollar arriesgadas operaciones en las que en más de una ocasión su vida se pone en juego.

En España, la semana pasada Greenpeace tomó al asalto las oficinas de la empresa Expal, (Explosivos alaveses) que entre otras armas, fabrica las letales bombas de racimo. Unas bombas que se expanden en cientos de minibombas destruyendo todo lo que se pone por delante. Por su carácter de explosiones dispersas, los objetivos son difusos, lo que hace de estas armas unas de las más agresivas para la población civil, ya que su alcance es muy amplio, y no localizado; violentando con ello todos las posibilidades de protección de civiles, como estipulan los Convenios de Ginebra y las recientes resoluciones de Naciones Unidas al respecto.

Estas bombas de racimo son las responsable de miles de muertes y mutilaciones cada año, en diversas partes del mundo, y por eso hay una creciente exigencia internacional para que estas bombas queden totalmente prohibidas, tanto en su uso como en su fabricación.

Hasta el 30 de Mayo, en Berlín se está discutiendo la posibilidad de tener un tratado internacional que vete la fabricación de estás bombas, y por eso la operación no violenta y provocadora de Greenpeace es oportuna, y llama la atención al Gobierno español para que tome una posición inequívoca en esta materia, y deje de confundir churras con merinas, ya que mientras que con una mano promueve la paz, con la otra apoya la exportación de armamento español a países en conflicto; cosa que en teoría está vetado, pero que a través de mil triquiñuelas, las empresas fabricantes de armamento, consiguen esquivar.

Resulta patético que muchos políticos de tres al cuarto y parlamentarios de ámbito nacional, sean de derechas o de izquierdas, defienden a las empresas que fabrican armamento porque generan “empleo”. Nunca olvidaré una conversación con uno de estos parlamentarios de mediocridad insospechada, que me comentaba, que había que ir con cuidado con estas empresas, porque sus sindicatos son muy potentes.

Yo, como los activistas de Greenpeace, pienso que no puede haber empleo basado en la mutilación y el asesinato, ni sindicato obrero, que pueda defender que es más importante un empleo que una vida, máxime cuando los empleos son reconvertibles y las vidas no. Por eso un ¡Bravo! por GreenPeace y su valentía, en medio de una sociedad soñolienta y abotargada.