Laberintos del lenguaje
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
Enrique G. Jordá - Periodista
Sin lugar a dudas, dentro del amplio mundo de la comunicación conviven diversos apartados de entendimiento y comprensión de la información. Dejando a un lado las complejas jergas en donde es sustancial una rica terminología especializada, utilizadas entre colectivos profesionales, (juristas, médicos, arquitectos, economistas y un largo etcétera) y las, no menos complejas, nuevas jergas juveniles y populares, la comunicación de nuestros representantes políticos se encuentra cada vez más, inmersa en el interior de los laberintos del lenguaje en donde el significado de las palabras es enrevesado, confuso y poco comprensible.
Curiosamente, el lenguaje de nuestros políticos que debería ser de una claridad meridiana, para que todo el mundo entendiera lo que dicen, se va haciendo más oscuro e ininteligible a medida que aumenta su responsabilidad en el cargo, lo que conlleva que en general cada día se les entienda menos. Evidentemente son conscientes de ello y en la mayoría de ocasiones los mensajes son excesivamente crípticos y enigmáticos adrede. Eso sí, dichos con seriedad y contundencia y envueltos en un falso manto retórico en donde la demagogia campa a sus anchas.
También es responsabilidad ciudadana el intento de mejorar personalmente su educación gramatical y ampliar su vocabulario, precisamente para entender y comprender mejor lo que a uno le dicen y le cuentan. Y en este apartado, es crucial la misión de la prensa escrita, mucho más que la televisión y la radio, para intentar acercarnos al conocimiento, entendimiento y mejor comprensión de las noticias. Es cuestión de tiempos. La inmediatez de la radio y la cascada de imágenes por televisión, no son comparables a la reposada lectura salpicada de opinión. Toda una sana afición que se va perdiendo. Al menos en Castilla-La Mancha.
A pesar de que, según el Instituto Nacional de Estadística, en este país se compra hoy más prensa que hace cinco años y que se mantiene en niveles aceptables, resulta que los castellano-manchegos somos los que menos prensa consumimos de toda España. No sé la estadística de Guadalajara y provincia, pero me temo que no será muy elevada, ya que he visto cerrar en estos últimos años varios kioscos de prensa en Guadalajara capital, entre ellos, el emblemático, fundamental y característico de la Estación de Cercanías. ¡Inaudito e impropio! No estaría de más, en una ciudad tan literaria como Guadalajara, el fomentar la lectura de la prensa escrita para, al menos, poder utilizarla como hilo de Ariadna en los intrincados laberintos del lenguaje.
También es responsabilidad ciudadana el intento de mejorar personalmente su educación gramatical y ampliar su vocabulario, precisamente para entender y comprender mejor lo que a uno le dicen y le cuentan. Y en este apartado, es crucial la misión de la prensa escrita, mucho más que la televisión y la radio, para intentar acercarnos al conocimiento, entendimiento y mejor comprensión de las noticias. Es cuestión de tiempos. La inmediatez de la radio y la cascada de imágenes por televisión, no son comparables a la reposada lectura salpicada de opinión. Toda una sana afición que se va perdiendo. Al menos en Castilla-La Mancha.
A pesar de que, según el Instituto Nacional de Estadística, en este país se compra hoy más prensa que hace cinco años y que se mantiene en niveles aceptables, resulta que los castellano-manchegos somos los que menos prensa consumimos de toda España. No sé la estadística de Guadalajara y provincia, pero me temo que no será muy elevada, ya que he visto cerrar en estos últimos años varios kioscos de prensa en Guadalajara capital, entre ellos, el emblemático, fundamental y característico de la Estación de Cercanías. ¡Inaudito e impropio! No estaría de más, en una ciudad tan literaria como Guadalajara, el fomentar la lectura de la prensa escrita para, al menos, poder utilizarla como hilo de Ariadna en los intrincados laberintos del lenguaje.