Las huellas del dolor
01/10/2010 - 09:45
Editorial
Ayer la tragedia del avión ya tenía nombre y apellidos en Guadalajara. Mª Carmen Rojo Rosa, una veinteañera residente en Madrid que cada verano regresaba al pueblo de sus padres para disfrutar con los suyos.
Valdeavellano guardó silencio el miércoles, nada más conocer que ella viajaba en el vuelo del fatal siniestro. Alcalde, vecinos, amigos y conocidos del pueblo decidieron ayer suspender la fiesta ante la consternación de una vida joven arrancada a cuajo por un fatal accidente. Políticos, representantes institucionales y ciudadanos seguían ayer lamentando la terrible tragedia ocurrida a pocos kilómetros de la provincia. Si el miércoles fueron ambulancias y personal sanitario lo que desde Guadalajara se envió para completar el equipo de emergencia, ayer, por desgracia, eran equipos forenses los que se reclamaban a nuestra provincia para hacer más corta a los familiares una espera para la que ya no hay esperanza. Banderas a media asta, crespones negros y miradas perdidas hacia el cielo al que nunca llegó el avión siniestrado recorrían ayer la provincia como un escalofrío incesante. En la región son más de una docena de víctimas las que encontraron una muerte inesperada en el vuelo de Spanair. También una mujer y su hijas salieron de Guadalajara en busca de ese avión que nunca llegó a su destino. Con vínculos o sin ellos, la tragedia duele, y mucho, en nuestra provincia. El sol salió ayer por la mañana, a pesar de todo, pero para muchos sus rayos no calentaban igual, no brillaban igual que hace unos días, cuando los suyos estaban a su lado. Los amigos de Carmen en Valdeavellano quisieron recordarla ayer con una misa, una misa con la que intentaron que perdure su risa, su juventud y su espíritu positivo a pesar de las lágrimas y el llanto que ayer invadían todos y cada uno de los rincones del pueblo. Guadalajara sigue llorando, todo el país sigue hoy llorando.