Lectura positiva

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EDITORIALES
Lo que aparecía una tragedia acababa convirtiéndose, ayer, en mera anécdota. Los vecinos de la capital, Cabanillas o Marchamalo que comían tranquilos sobre las tres de la tarde veían con sorpresa como empezaban a vibrar los cristales de las ventanas, moverse las lámparas e incluso temblar las paredes de sus casas. Ayer las versiones eran infinitas. Los viandantes barajaban desde un fuerte trueno, a un terremoto e incluso a unas prácticas en el GEO.
Sin embargo la explicación real iba más allá de lo que el ciudadano de a pie podía pensar: un avión de combate procedente de la base aérea de Torrejón de Ardoz había rebasado la barrera del sonido y había generado una onda de choque audible en una amplia extensión de tierra. En aerodinámica, la barrera del sonido es un supuesto límite físico que impediría que objetos de gran tamaño se desplazaran a velocidad supersónica. Cuando un avión se acerca a la velocidad del sonido la forma en que el aire fluye alrededor de su superficie cambia y se convierte en un fluido compresible, dando lugar a una resistencia mayor. Eso, unido a la humedad, provocó que lo que se denomina ‘boom sónico’ se percibiese en la provincia.
Más allá de la anécdota, y si creemos la versión del Ejército del Aire en la que se indica que la rotura de la barrera del sonido estaba prevista dentro del ejercicio y que se realizó a la altura reglamentariamente establecida para este tipo de operaciones, siempre por encima de límite de los 35.000 pies, que equivale a más de 10.000 metros (muy por encima del ‘techo’ en que operan las aeronaves civiles), la conclusión que se saca de este incidente es que los servicios de emergencia actuaron con una celeridad envidiable y que tanto los bomberos, como el Sescam o la Policía Local y Nacional estuvieron en pocos minutos en el lugar donde, en un primer momento, se creía se había producido una explosión de gas. Esa es la lectura positiva.