Llegar en patera
01/10/2010 - 09:45
Fernando Almansa - Periodista
Una vez más el drama de las pateras ha golpeado nuestras conciencias y de forma muy especial el discurso político sobre la inmigración.
Por más que se quieran poner vallas al campo, la realidad es muy lacerante y la diferencia de oportunidades de desarrollo personal, en la próspera Europa, y las existentes en el continente africano siguen siendo abismales. Por ello, no es de extrañar, que a pesar de los intentos de reforzar la vigilancia en las costas, de subir las alambradas de Ceuta y Melilla, y de buscar nuevos acuerdos de cooperación con los países vecinos del Mediterráneo y con Europa, cientos de personas sigan intentando cruzar cada día, el estrecho en busca de una vida mejor, aunque muchos mueran en el intento y en algunos casos, como recientemente en Almería, sean niños y bebés las víctimas de los sueños imposibles de sus padres.
El Gobierno ha lamentado con voz solemne lo ocurrido, y ha manifestado su voluntad de cooperar para erradicar este drama humano. Es de agradecer que el compromiso con estas poblaciones africanas, siga manifestándose en una cooperación redoblada, a pesar de la crisis económica que ya está encima. Pero no es menos cierto que el mismo gobierno que se lamenta, y hace votos por multiplicar la cooperación, cuando los bebés deshidratados son arrojados al mar desde la zodiak, hace apenas unas semanas votaba en el parlamento europeo una directiva que restringe los derechos de los inmigrantes. Y es el mismo gobierno, quien a través de su ministro del interior, está poniendo en marcha políticas de inmigración, más propias de partidos derechistas que de partidos socialmente avanzados; y es el mismo gobierno al que Amnistía Internacional acaba de tirar de las orejas, por el funcionamiento de centro de retención de inmigrantes ilegales en Mauritania, conocido ya como Guantanamito. Y es el mismo Gobierno que aunque no está en el G8, no ha condenado la farsa y la hipocresía de su última cumbre en Japón, donde han evitado tomar compromisos serios en materia de desarrollo y consecución de los llamados Objetivos del Milenio, propuestos por Naciones Unidas.
La buena voluntad del Presidente Zapatero y su Ministro Moratinos, es digna de elogio y alabanza, y merece todo mi apoyo y consideración, pero no se puede tejer por la mañana y destejer por la noche cual Penélope esquizofrénica.
El Gobierno ha lamentado con voz solemne lo ocurrido, y ha manifestado su voluntad de cooperar para erradicar este drama humano. Es de agradecer que el compromiso con estas poblaciones africanas, siga manifestándose en una cooperación redoblada, a pesar de la crisis económica que ya está encima. Pero no es menos cierto que el mismo gobierno que se lamenta, y hace votos por multiplicar la cooperación, cuando los bebés deshidratados son arrojados al mar desde la zodiak, hace apenas unas semanas votaba en el parlamento europeo una directiva que restringe los derechos de los inmigrantes. Y es el mismo gobierno, quien a través de su ministro del interior, está poniendo en marcha políticas de inmigración, más propias de partidos derechistas que de partidos socialmente avanzados; y es el mismo gobierno al que Amnistía Internacional acaba de tirar de las orejas, por el funcionamiento de centro de retención de inmigrantes ilegales en Mauritania, conocido ya como Guantanamito. Y es el mismo Gobierno que aunque no está en el G8, no ha condenado la farsa y la hipocresía de su última cumbre en Japón, donde han evitado tomar compromisos serios en materia de desarrollo y consecución de los llamados Objetivos del Milenio, propuestos por Naciones Unidas.
La buena voluntad del Presidente Zapatero y su Ministro Moratinos, es digna de elogio y alabanza, y merece todo mi apoyo y consideración, pero no se puede tejer por la mañana y destejer por la noche cual Penélope esquizofrénica.