Los mercados y la soga del ahorcado
15/09/2011 - 00:00
Nadie está exento de riesgo. Ayer Grecia, Portugal, Irlanda y España. Hoy, Italia. Mañana Francia y el Reino Unido. Todo empezó justo hace tres años, con la caída del coloso con pies de
barro Lehman Brothers. Nadie ha dado una explicación razonable a este
efecto dominó que ha extendido la sospecha sobre todas las economías
occidentales. La clase política dirigente ha cedido la soberanía a los sectores financieros que reciben el nombre de mercados cuando debiera decir "especuladores".
El crédito necesita un prestamista y un prestatario. Sin uno de los dos, el negocio es vacuo. Y tiene que haber equilibrio para que las dos partes saquen un beneficio razonable. Si los prestamistas se
erigen en dictadores de los mercados, su negocio será efímero porque
se llegará a un punto en el que la ausencia de crecimiento económico
hará imposible las transacciones. Nadie podrá devolver un dinero que
no genera réditos porque sólo sirve para pagar la deuda. ¡Aberrante!
Si no hay inversión no hay dinámica económica, no se genera empleo, se lastra el consumo y las economías entran en barrena. Trabajar sólo
para pagar las deudas convoca a la tentación de suspender pagos.
Europa no ha sabido hacer frente a su primera crisis después de la
aprobación del tratado de Lisboa.
No se visualiza un gobierno europeo
porque sencillamente no existe. Hay un directorio franco-alemán y una
falta de entusiasmo europeista evidente.
La existencia de un Banco Central Europeo que gobierne el Euro es una entelequia si no va arropado por una armonización fiscal, una emisión de deuda comunitaria y una política de contención de los acosos de los mercados a nivel continental. La soga corrediza nos amenaza a todos. Ningún cuello está a salvo. Si no nos percatamos que la soga de los mercados amenaza el cuello mismo de Europa, todos estamos perdidos. Incluidos los alemanes que miran con desprecio hacia el sur.