Los mercados y la soga del ahorcado

15/09/2011 - 00:00 Carlos Carnicero

 

  Nadie está exento de riesgo. Ayer Grecia, Portugal, Irlanda y España. Hoy, Italia. Mañana Francia y el Reino Unido. Todo empezó justo hace tres años, con la caída del coloso con pies de barro Lehman Brothers. Nadie ha dado una explicación razonable a este efecto dominó que ha extendido la sospecha sobre todas las economías occidentales. La clase política dirigente ha cedido la soberanía a los sectores financieros que reciben el nombre de mercados cuando debiera decir "especuladores".

   El crédito necesita un prestamista y un prestatario. Sin uno de los dos, el negocio es vacuo. Y tiene que haber equilibrio para que las dos partes saquen un beneficio razonable. Si los prestamistas se erigen en dictadores de los mercados, su negocio será efímero porque se llegará a un punto en el que la ausencia de crecimiento económico hará imposible las transacciones. Nadie podrá devolver un dinero que no genera réditos porque sólo sirve para pagar la deuda. ¡Aberrante! Si no hay inversión no hay dinámica económica, no se genera empleo, se lastra el consumo y las economías entran en barrena. Trabajar sólo para pagar las deudas convoca a la tentación de suspender pagos. Europa no ha sabido hacer frente a su primera crisis después de la aprobación del tratado de Lisboa.

   No se visualiza un gobierno europeo porque sencillamente no existe. Hay un directorio franco-alemán y una falta de entusiasmo europeista evidente. La existencia de un Banco Central Europeo que gobierne el Euro es una entelequia si no va arropado por una armonización fiscal, una emisión de deuda comunitaria y una política de contención de los acosos de los mercados a nivel continental. La soga corrediza nos amenaza a todos. Ningún cuello está a salvo. Si no nos percatamos que la soga de los mercados amenaza el cuello mismo de Europa, todos estamos perdidos. Incluidos los alemanes que miran con desprecio hacia el sur.