Los riesgos del nuevo ferial

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
Nuria Fernández - Periodista
Parece inevitable: el traslado del recinto ferial desde Adoratrices al lado del Corté Inglés se consumará el próximo mes de septiembre guste o no guste a las peñas.
El primer motivo es que el actual alcalde, Antonio Román, se comprometió a ello en su programa electoral y por lo tanto es de ley que cumpla con lo que promete, y el segundo motivo es que a los vecinos de Guadalajara les importa muy poco dónde esté la feria. Somos así de egoístas, lo único que quieren (o queremos) los ciudadanos es saber donde tenemos que ir con los niños para montarlos en los cacharros y tomarnos un pincho antes de irnos a casa y para eso nos da igual un sitio que otro. Pero claro, la situación no es la misma para los peñistas y los vecinos afectados. Los peñistas prefieren que el meollo de la fiesta esté en pleno centro de la ciudad: a tiro de piedra de la plaza de toros, del ayuntamiento y de sus sedes, y eso, según va creciendo Guadalajara, es, cada vez, más difícil. Y en el caso de los vecinos ¡para qué contar!: tener el “baby paco” debajo de la ventana de tu habitación no gusta a nadie y, como haríamos cualquiera si nos afectara, protestaríamos lo que hiciera falta por que no nos tocara al lado de nuestra casa. Pero en la manifestación del sábado contra el traslado del ferial los que protestan se quedaron solos. Ya en la primera apenas consiguieron reunir a 500 personas y en la segunda a alrededor de 200. ¿Como van a sacar adelante una propuesta si no son capaces ni siquiera de movilizar a sus propios compañeros?
Yo estoy en contra del traslado del ferial, no por la zona a la que creo que hay que dar una oportunidad, si no por los accesos ya que estoy convencida de que son francamente peligrosos. La medida tomada por el Ayuntamiento de Guadalajara de instalar unas vallas bordeando Cuatro Caminos para “obligar” a los ciudadanos a cruzar por los pasos de cebra es claramente insuficiente. Lo mismo ocurre con la pasarela, un espacio demasiado propicio para las gamberradas. Si realmente se produce una riada de personas en dirección al nuevo recinto como ocurre cada año en la calle ferial ¿está seguro el alcalde de que los ciudadanos van a ir prácticamente en fila india a paso de tortuga por estos dos accesos? Yo apuesto a que no. Algo parecido ocurrirá en la calle Sigüenza, pero allí no está la peligrosa nacional. Mientras la A-2 no quede fuera de Guadalajara es una locura trasladar las ferias, la única alternativa es hacer más accesos y ni siquiera el puente de Salvador Dali solucionará el problema. ¿Qué calle va a sustituir ahora al recorrido peatonal que se hace desde la Concordia por San Roque hasta Adoratrices? La apuesta del Ayuntamiento es arriesgada y en septiembre veremos si superamos la prueba de fuego.